La inminencia de un juicio

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo bueno o lo malo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo RVC
2 Corintios (2 Co) 5:1-10

Sabemos de la realidad de un juicio para todo el mundo al final de los tiempos. Y sabemos de qué manera podremos sortearlo: sólo por medio de nuestra entrega a Cristo. La mirada frente al juicio nos enseña que: Aunque seamos justificados (seamos hallados inocentes en ese estrado, por la fe en el Señor Jesucristo) tampoco es algo que nos debería dar igual cómo vivimos. Así como Pablo debemos esforzarnos, pues en el juicio seremos evaluados también por lo bueno que hicimos y no sólo por lo malo. Esto debiera ser un incentivo, para hacer todo lo bueno posible de modo de poder alegrar a nuestro Señor. Así se dice en el texto para hoy: “Por eso nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado…” y luego se conecta con la palabra: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.”
Hasta que estemos delante del tribunal de Cristo, podemos honrarle de la mejor manera posible, viviendo sólo para honrarlo a Él. Esto significa: no para salvarnos nosotros a mismos (igual no lo podríamos hacer, puesto que él ya lo hizo por nosotros), sino para agradecerle por su maravilloso acto de salvación. Amén.

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