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Acerca de Una Buena Noticia

La esencia del mensaje bíblico, en una forma bien actualizada, para cada domingo del año.

Dios en tres personas

“Por lo demás, hermanos, regocíjense, perfecciónense, consuélense; sean de un mismo sentir, y vivan en paz. Y el Dios de la paz y del amor estará con ustedes. Salúdense unos a otros con un beso santo. Todos los santos les mandan saludos. Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes. Amén.”
2 Corintios 13:11-14

“Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con gratitud
el recuerdo precioso
de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti
y te ayude a llevar la alegría
a los corazones de cuantos amas.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
que los ojos de Dios te miren,
que los oídos de Dios te oigan,
que la Palabra de Dios te hable,
que la mano de Dios te proteja,
y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
otro te tenga, y nos tenga a todos,
en la palma de su mano”.

-De Irlanda-

Cuando el apóstol Pablo escribía una carta no lo hacía personalmente, sino que tenía escribientes a quienes les dictaba. Aunque este último párrafo lo escribe él mismo. Antiguamente era muy común escribir un último párrafo que, era considerado como la firma misma de la persona.
Pablo les saluda de esta manera en esta su segunda carta a la comunidad de los corintios con maravillosas palabras de bendición en el nombre del Dios trinitario: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”.

¿Qué es esto en realidad? ¿Es esto una bendición? Todo depende de en qué contexto utilicemos esta palabra: ¿Hablamos de una bendición de Dios o de la bendición de una persona, o de un deseo de bendiciones? Si hablamos de que es Dios el que bendice, entonces entendemos que Dios tiene algo bueno para obsequiar. Muchas veces hablamos de bendiciones monetarias o de bendiciones en la cosecha o bendiciones de hijos. Hablamos mucho de las bendiciones materiales de Dios. Cuando la gente bendice en nombre y por encargo de Dios, están prometiendo, deseando un regalo divino. Es algo así como que, una persona se convierte en mensajero de Dios que hace entrega de las bendiciones divinas. El destinatario puede abrir el paquete ahí mismo o más tarde. Un mero deseo de bendiciones es por el contrario, el simple deseo de que Dios te obsequie lo mejor. Allí no hay ninguna orden divina previa, o encargo de parte de Dios. Tales deseos de bendición lo escribimos por ejemplo en las cartas de salutación, por cumpleaños o aniversario o distintas celebraciones. Hay una bendición irlandesa muy conocida y apreciada que enumera los deseos humanos de que Dios pueda bendecir, un ejemplo: “Que siempre tengas palabras cálidas en un frío anochecer”. Pero estas son solo hermosos deseos humanos.

La palabra de bendición de Pablo al final de la segunda epístola a los corintios no es ningún deseo de bendición como las palabras de la bendición irlandesa, sino que es una bendición del segundo tipo, es decir el cumplimiento autorizado de un regalo de parte de Dios. Pablo había escrito la carta a través del poder del Espíritu Santo, y nos da testimonio que es Dios mismo el que quiere regalar lo que ahí se promete. Esta epístola como toda la Biblia es inspirada por el Espíritu Santo, y esa es una diferencia con cualquier libro sólo humano. Esta bendición de parte de Dios tiene además tres partes, es la bendición del Nuevo Testamento, la sucesora de la bendición aaronítica que, contiene las tres partes también, Dios a través de Moisés y Aarón en representación de todos los sacerdotes del antiguo pacto y con la que finaliza cada uno de nuestros cultos dominicales: “¡El Señor te bendiga y te guarde! Haga el Señor resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia! Vuelva el Señor su rostro a ti y te conceda la Paz”! Vemos que, ya también en el Antiguo Testamento se escucha la bendición de Dios en tres personas: la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En Pablo esto se da de forma bien expresa: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”.

Cuando les estoy pronunciando y explicando esta bendición a ustedes, en esta predicación yo me transformo en una especie de mensajero de Dios, de los regalos que, Dios tiene para hacerles a ustedes. Aquí no se trata sólo de las dádivas de las bendiciones terrenales, como bendiciones de dinero o bendiciones de una buena cosecha o bendiciones de una fructífera descendencia, sino que aquí se trata de la dádiva más grandiosa del Dios trinitario, es decir se trata de nuestra salvación eterna. Detengámonos a reflexionar acerca de este regalo que nos ofrece Dios; profundicemos en la dádiva de Dios que se nos está prometiendo aquí.

Aquel que da la dádiva es el Dios que, se manifiesta en tres personas en la Biblia. Se lo nombra de tres formas en la Biblia: El Hijo de Dios Jesucristo, Dios el Padre y el Espíritu Santo. Puesto que ellos no son separables sino que juntos conforman un solo Dios, se los compara a menudo con los ángulos de un triángulo: pero sólo tendremos un triángulo cuando tengamos los tres ángulos; si uno de los ángulos falta, entonces ya no se tratará más de un triángulo.
Aunque también en un triángulo, dará lo mismo en qué orden se mencionen los ángulos. Quizás hasta llame la atención que, Pablo en las palabras de su bendición no nombre en primer lugar al Padre, sino al Hijo. Esto tiene que ver con las bendiciones del Dios en tres personas que se ordena según cada persona divina en particular y con una forma cronológica de ordenarse. La gracia del Señor Jesucristo es su obra de gracia, su obrar salvífico en el pasado. La gracia tiene lugar cuando se le perdona el castigo merecido a un condenado. La gracia es el regalo del Hijo de Dios Jesucristo que, consiguió en la cruz para nosotros. Allí llevó en su persona todos nuestros pecados y nuestro castigo. Él lo hizo, porque el Padre en los cielos lo envió para tal fin; sólo por amor a nosotros. Así nos encontramos con el segundo regalo, el regalo de Dios el Padre. El se manifiesta con su amor en nuestro mundo, él es eterno. El tercer regalo, es la dádiva del Espíritu Santo que, está teniendo lugar en nuestro mundo y nuestro tiempo: es la “comunión” así ha traducido Lutero. También podríamos traducirlo como “reconciliación” o “un tomar parte”. Aquí no se trata de que simplemente como cristianos o como gente en general nos soportemos mutuamente. En todo caso no se trata aquí de esto en primer lugar. Más que nada, se trata de nuestra comunión con Dios. Se trata de nuestra reconciliación con Dios, esa que ya Jesucristo pudo conseguir por medio de aquel regalo que ofreció. Se trata de que nosotros tengamos parte en la obra de redención de Cristo en la cruz. La “comunión del Espíritu Santo” quiere decir por tanto: El Espíritu Santo logra que el evangelio nos limpie ahora y aquí de nuestros pecados y nos reconcilie con Dios; él posibilita que, el amor eterno de Dios nos encuentre ahora y aquí.

¿Y cómo sucede esto? Sucede cuando escuchamos la palabra de Dios, la palabra del perdón, la palabra de la promesa de la vida eterna. Cuando se predica el Evangelio aquí en la iglesia entonces el Espíritu Santo está obrando y obsequia comunión con Dios. Y esto también tiene lugar en los sacramentos: El bautismo de fe incorpora al cuerpo de Cristo, la iglesia. La Santa Cena es la comunión del cuerpo y la sangre del Señor bajo las formas del pan y del vino. La Santa Cena nos une en primer lugar con nuestro Señor y en segundo lugar nos une unos con otros hermanos y hermanas de forma que todos nos situemos al mismo nivel de poder recibir comunitariamente el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo por medio de esa comida santa. Cuando confiesas tus pecados, te acercas a ese poder prometido del Espíritu Santo, aquel que Jesús sólo por gracia consiguió para ti en la cruz: “Tus pecados te son perdonados”. ¡Claro! Y en estas palabras de bendición sucede que el paquete que te envía Dios de regalo es el envío de un obsequio redentor hecho en el nombre del Dios en tres personas.

Es por eso que, cada domingo celebramos un culto a Dios. Y por eso es que, la Palabra y el sacramento son los símbolos de la iglesia, puesto que por medio de ellos se puede reconocer que, Dios nos ama y que Jesús nos ha salvado. Ese es el fundamento para una buena vida, para una vida eterna. Esto no quiere decir que, vamos a despreciar los buenos deseos expresados por la gente, como por ejemplo en la bendición irlandesa o incluso las oraciones pidiendo por bendición de Dios para nuestra vida, pues también las necesitamos. Pero sabemos que estos siempre serán cosas temporales y que Dios en cualquier momento puede disponer de nuestras vidas también. La bendición de los dones del Dios trinitario que Pablo escribió y hoy yo lo repito en el nombre de Dios, vale sin embargo para todos los tiempos y para toda la gente que, cree en Jesucristo: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”. Amén

¿Hay que privarse de alguna comida para agradar a Dios?

Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación.  Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.  El tentador se le acercó y le propuso:
—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.
Jesús le respondió:
—Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:
—Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:
»“Ordenará que sus ángeles
te sostengan en sus manos,
para que no tropieces con piedra alguna”».
—También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —le contestó Jesús.
De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.
—Todo esto te daré si te postras y me adoras.
—¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.

Mateo 4:1-11 (NVI)

Podríamos predicar varios mensajes sobre este texto, pues hay tantas cosas que esta lectura  tiene para decirnos. Allí se encuentra en el medio de la escena el Hijo de Dios, siendo tentado en muchas cosas como nosotros, pero sin pecado (Heb 4:15). Por ser también un ser humano fue tentado y humillado por el diablo. Y su obra de salvación también consiste en parte en resistir al diablo y hacer justicia en nuestro lugar. También aprendemos mucho sobre la estrategia del diablo: él aprovecha las necesidades del cuerpo como el comer y el beber (nuestras necesidades materiales) . Él es bien hipócrita utiliza palabras de la Biblia como la palabra de los ángeles protectores, pero retuerce su verdadero significado. Él ofrece poder y riqueza y miente en esto, porque en última instancia, todo le pertenece a Dios; pero también oculta y no dice cuál sería el precio de ponerse al servicio de él: nos costaría la salvación del alma por la eternidad. Incluso esta lectura del Evangelio puede enseñarnos algo sobre el ayuno, a partir del ejemplo de nuestro Señor Jesucristo.

Como ahora estamos en el tiempo de la cuaresma, recordado por muchas iglesia cristianas, echemos un vistazo más de cerca al tema del ayuno. ¿Qué significa ayunar? Externamente, todos sabemos que es abstenerse de comer y a veces de beber, al menos parcialmente, o de alimentos especiales como la carne. Pero ¿por qué se ayuna, cuál es el motivo? Puede haber razones muy diferentes. Queremos comparar ahora con el ayuno de nuestro Señor Jesucristo.

En primer lugar, durante la Edad Media, antes de la Reforma, se ayunaba porque era la ley de la iglesia. Cualquier persona que consumiera carne o manteca durante los cuarenta días de Cuaresma antes de la Pascua era considerado un pecado. Martín Lutero y los reformadores condenaron esto como una carga injustificada para la conciencia. En última instancia, es una ofuscación del evangelio lo que se hace cuando se imponen mandamientos elaborados por personas y se hace que la salvación dependa de su cumplimiento. De tal mala postura también surgió el carnaval: la gente quería festejar comer y beber desaforadamente antes de esa Cuaresma forzada. El ayuno de nuestro Señor Jesucristo no tiene nada que ver con esos ayunos impuestos.

En segundo lugar, muchas personas también ayunaban voluntariamente en la Edad Media porque sentían que le estaban haciendo un favor a Dios; esta mentalidad todavía surge de vez en cuando. Sí, más que eso, se pensaba que se le hacía un favor a Dios, incluso si además se sentía dolor, dañándose el cuerpo o poniéndose en peligro. Hubo alrededor del año 1000 las llamadas peregrinaciones flagelantes; Había gente que se auto flagelaba, con un látigo, porque pensaban que eso agradaría a Dios. Sin embargo, esto es en verdad algo profundamente pagano cuando alguien quiere servir a Dios a través del ayuno y la auto-tortura; Jesús mismo rechazó esto como una tentación diabólica. Cuando Satanás lo probó y le dijo que bajara del templo, Jesús respondió con la escritura: “No pondrás a prueba al Señor tu Dios”. ¿Por qué debería ser tan imprudente? ¡Había una cómoda escalera que bajaba del pináculo del templo! Entonces, tampoco debemos poner nuestros cuerpos en peligro indebidamente o debilitarlos innecesariamente con el ayuno, sino que debemos dar nuestros cuerpos sanos y prestos como sacrificios vivos para que podamos hacer la voluntad de Dios con ellos, ¡lo que Dios verdaderamente ha ordenado! Por supuesto, no debemos hacerlo para ganar el favor de Dios, sino en gratitud por habernos dado su beneplácito a través de Jesús sin mérito alguno de nuestra parte.

En tercer lugar, hay un ayuno que sirve para satisfacer a los hambrientos o necesitados. He oído hablar de algunas familias que hacen un ayuno una vez a la semana y destinan una séptima parte del dinero de la familia para los hambrientos. Queridos hermanos y hermanas, ¡es muy importante que en nuestra abundancia no olvidemos al hambriento! Sin embargo, estoy seguro de que si vivimos con moderación podemos dar mucho a los pobres del mundo sin la necesidad de ayunar; Dios nos da más que suficiente.

En cuarto lugar, también puedes ayunar para aprovecharse del ayuno mismo. Esto es incluso muy popular hoy en día. Las dietas para adelgazar por medio del ayuno, o si renuncio a ciertas cosas no muy beneficiosas o restringimos su uso: como el alcohol, la nicotina, la cafeína, etc. Tal ayuno es ciertamente algo externo, mundano; Esto no tiene nada que ver con la fe en Cristo. Existe una campaña en el marco de algunas iglesias en Alemania durante la cuaresma que se llama “Siete semanas sin”, donde se aconseja a los cristianos que renuncien voluntariamente a su tiempo libre sus hobbies o distintas cosas que se hayan convertido en un hábito: chocolates, cosas dulces, alcohol, cigarrillos, televisión, etc. En la publicidad de esta acción siempre se expresa que de esa manera se puede hacer algo bueno durante las 7 semanas de cuaresma. Eso también es bueno, y los cristianos sabemos que nuestro cuerpo es un templo del Espíritu Santo y debemos tratarlo con cuidado. Sin embargo, en estos tiempos donde hay tanta conciencia sobre el mantenerse delgado y la salud corporal, sería mejor que la gente se ocupara más de su alma que de su cuerpo, al menos la mitad del empeño que ponen para cuidar sus cuerpos. Sería mejor que al menos estuvieran tan ansiosos por leer la palabra de Dios y por el sacramento del altar como por las fórmulas para adelgazar y todos los remedios y alternativas naturales para mejorar la salud; entonces muchos ya sólo por eso podrían curarse simplemente y  se sentirían mejor.

En quinto lugar, el ayuno también se usa para presionar a otras personas y obligarlas o inducirlas a que hagan algo; eso sucede por ejemplo durante una huelga de hambre. Creo que eso es completamente incorrecto.

En sexto lugar, el ayuno puede sí servir para enfocarse en la Palabra de Dios y en la oración. Esto es algo que también lo hallamos en la Biblia: De esa manera durante un tiempo, se elimina la distracción del cuidado del cuerpo, y se puede resaltar la vida espiritual y puede haber una profundización de las cosas espirituales. A este respecto, podemos mencionar el ayuno como una preparación para la Santa Cena, que Martín Lutero lo vio como una “fina disciplina externa” en el Catecismo Menor. La práctica de mantener durante el tiempo de Cuaresma momentos de tranquilidad y renunciar a los placeres bulliciosos también es parte de esto. Este ayuno tiene más que ver con el ayuno de nuestro Señor Jesucristo: podemos imaginar que en los cuarenta días posteriores a su bautismo, él se estaba preparando para su ministerio venidero en conversación con su Padre Celestial. Del mismo modo, durante los cuarenta días Moisés ayunó en el Monte Sinaí.

Y sin embargo, el ayuno de Jesús tiene aún otra dimensión.

En séptimo lugar, se encuentra el verdadero ayuno impuesto por Dios. Jesús no abandonó la comida ni su humanidad por propia voluntad, sino que el Espíritu Santo lo condujo al desierto, dice el evangelio. Sí, ese es realmente el ayuno más correcto y delicioso: el ayuno que es ordenado por Dios. Porque ahí es donde aprendemos a confiar en nuestro Padre Celestial. El diablo intentó que Jesús hiciera pan con las piedras porque no había nada comestible en el desierto. Jesús se resistió a él y le contestó: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús sabía que la palabra y la voluntad de su Padre Celestial en última instancia era lo que importaban; cuando llegue el momento adecuado se ayunará y se sufrirá, y así también concluirá en el momento adecuado, de eso no tengo que preocuparme. Y el Padre le dio a su hijo lo mejor, su palabra, pero también su pan. Al final de los cuarenta días, los ángeles vinieron y sirvieron a Jesús, y probablemente podamos asumir con Martín Lutero que le trajeron comida y bebida. De manera similar, Dios proveyó su mensajero a Elías en el desierto. Así también en el desierto le había provisto a todo su pueblo Israel con maná del cielo y agua de la roca. Por supuesto, el Padre luego le pidió a su hijo la cruz, pero después de la muerte lo llevó de vuelta le dio lo que el diablo pretendía darle: el gobierno real sobre el mundo entero. Sí, ese es el mejor ayuno: el ayuno ordenado por Dios, para poder ver luego como cuán maravillosamente Dios alinea y guía todo.

El ayuno que queremos practicar durante esta cuaresma debería ser un ‘ayuno o sacrificio no corporal’ mas bien un fortalecimiento espiritual. Si Dios quiere conducirnos a un ayuno corporal así será, cada uno de nosotros lo podrá sentir si es así. Pero hay un ayuno que sí podríamos practicar en este tiempo. Podemos ayunar, en el tiempo que dedicamos a otras cosas más superfluas, y dar de nuestro tiempo para comenzar a leer la Biblia todos los días, un capitulo del Antiguo Testamento y un capitulo de Nuevo Testamento. Comencemos en este tiempo tradicional de cuaresma a retomar el hábito de leer la Palabra de Dios, para así permitir que Dios nos hable por medio de su Palabra y llegar a estar protegidos por medio de ésta. Retomemos otra vez el hábito de orar a diario e interceder por los demás. Si logramos ese tipo de ayuno durante esta cuaresma y logramos volver a tener una vida y conducta espiritual, la que todo creyente debe tener, vamos a sentir que estamos haciendo el verdadero ayuno que Dios pide y nuestras vidas se verán transformadas milagrosamente.

De esa manera cuando el diablo aceche, ya no tendrá más poder sobre nosotros, ni ningún tipo de influencia, pues estaremos protegidos por la armadura espiritual que Dios nos pide en Efesios 6 y que también he escrito en la reflexión para nuestro boletín. Queremos ver realmente cambios en nuestras vidas, en nuestra iglesia en nuestra comunidad, quizás ese es el ayuno que Dios nos está pidiendo en esta cuaresma. Esa es una buena manera de creer lo que afirmamos cuando decimos “Renuncio al diablo y a toda su obra y naturaleza, y me entrego a ti, Dios trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para serte fiel y obediente hasta el final, Amén”.

Les deseo el Bien

Año Viejo

Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras”.

Sal 73:28

Le deseo a cada uno de ustedes para este nuevo año que comienza mucha suerte y felicidad. Si yo sería judío les saludaría con las palabras “Mazel Tov”. Así se saluda en yiddish. La palabra “Tov” viene del hebreo, el idioma del Antiguo Testamento, significa “felicidad”, o simplemente “el bien”. La palabra para hoy del salmo 73: “Para mí el bien es estar cerca de Dios” se podría traducir como: “Estar cerca de Dios es bueno para mí”. Martin Lutero lo tradujo originalmente: “Mi alegría es poder mantenerme junto a Dios”. Independientemente de que palabra utilicemos para el nuevo año les deseo: alegría, bien, “suerte” y también felicidad.

¿Aunque qué es lo que en realidad les estoy deseando?, veamos lo que nos dice el presente salmo.

Se podría entender a este salmo de la siguiente manera: Cuando estoy cerca de Dios tengo felicidad. Cuando estoy cerca de Dios, me va bien. Cuando estoy cerca de Dios, por lo general me salen las cosas que me he propuesto. Tal felicidad comprende salud o una vida feliz con las personas o suficiente dinero para pagar todas las cosas necesarias y también un poquito más. Todas estas cosas corresponden a las que usualmente le pedimos a Dios cuando oramos.
Durante este año que pasó tuvimos el mundial de futbol y hemos podido ver a más de un jugador que miraba al cielo y se hacia la señal de la cruz. Con esto quizás esperaba que la “suerte” o incluso Dios, le permitiera que su equipo pudiera ganar el partido. Aunque uno podría preguntarse críticamente, si esas cosas se le pueden pedir a Dios. ¿Se debería pedir más allá de aquello que ya está incluido en el ‘pan nuestro de cada día’? Tampoco sabemos si tenemos que orar para ganar la lotería– aunque eso también estaría incluido en lo que es la felicidad.

También es cierto que, Dios en realidad nos envía mucho bien; Podemos confiar en que será lo mismo en el Año Nuevo 2019. Incluso si tenemos que luchar contra la adversidad, una enfermedad, o un problema económico o algo similar, todavía tendremos miles de razones para agradecerle, pues él estará de nuestro lado para sostenernos y poder salir airosos. Pero Dios no sólo concede felicidad a las personas que están cerca de él. Por lo general, también la permite a los que se mantienen alejados de él, de su ‘pan diario de cada día’. Jesús enseñó en el Sermón en el Monte acerca de nuestro Padre Celestial: “Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45). No es de ninguna manera el caso de que él solo provee a los creyentes con felicidad terrenal; no es eso el significado de estos versículos. Por lo tanto, si yo les deseo buena suerte con este versículo bíblico, no lo hago señalando con el dedo de la moralidad: “¡Ahora empieza a buscar la cercanía de Dios para que él te bendiga en el Año Nuevo!” Dicha moralidad sería mala, porque si alguien llegara a tener poca felicidad y mucho sufrimiento, tendría que decir lo contrario: ‘probablemente ese fue entonces el castigo de Dios por no haber buscado de su cercanía’. Esa forma de pensar sería una mala interpretación del salmo. No obstante, hay que reconocer que la ayuda de Dios, sí está presente y de forma especial para con todos aquellos que están en comunión con El.

La palabra del salmo no significa que si estoy cerca de Dios, entonces voy a tener ‘suerte’; sino significa que, si estoy cerca de Dios, entonces esa será mi felicidad. El contexto lo deja muy claro. El salmo fue escrito por Asaf, un sabio músico del templo en los días de David y Salomón. Asaf no tuvo mucha suerte, al menos no en el sentido habitual. Era muy devoto y siempre buscó de la presencia de Dios, pero no tuvo una vida fácil. Por el contrario, buscaba el saber por qué las personas sin Dios se volvían ricas y poderosas y por qué estaban tan bien. Asaf escribió: “Ellos no tienen ningún problema; su cuerpo está fuerte y saludable (4)…Así son los impíos; sin afanarse, aumentan sus riquezas”(12). Asaf se dijo a sí mismo: “En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia, si todo el día me golpean y de mañana me castigan?” (14). Esta experiencia desafió mucho en su fe al cantante de salmos. En el último cuarto del salmo, sin embargo, su queja se convierte en una impresionante confesión. “Pero,” comienza Asaf esta parte, “Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha. (24) Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria. ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.” Este “Pero” y lo que le sigue es notable, importante y ejemplar. Asaf tiene que darse cuenta de que, hasta ahora, su fe no le ha traído felicidad y ventajas terrenales sobre los malvados, pero ha aprendido que la fe en sí misma, la cercanía con Dios, es su felicidad. Así que también debemos entender la última oración de Asaf, la oración del versículo bíblico, ” Para mí el bien (la felicidad, la suerte) es estar cerca de Dios”; a saber, en este sentido: si estoy cerca de Dios, entonces ésa será mi felicidad. Esto se aplica incondicionalmente, incluso en una vida seria y con pruebas. Pablo preguntó ante los muchos sufrimientos: “¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? (Romanos 8:31). Ser de Dios Todopoderoso y ser amado por Él es lo mejor que existe, la mayor suerte y alegría. Incluso si toda la felicidad terrenal pueda llegar a romperse como un cristal delgado, incluso si la supervivencia está en juego, el estar cerca de Dios es mi felicidad. Asaf confesó: “Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”. La felicidad de estar cerca de Dios es inquebrantable e incluso sobrevive a la muerte. Asaf se había dado cuenta a la luz de la buena vida de los impíos: no importa si la pasas bien en este mundo, pero todo llega a su fin. Quien esté conectado con Dios tendrá un final feliz, sin importar cuán dura haya sido su vida, y después de su muerte encontrará la felicidad eterna llamada “la dicha eterna”. Entonces, en el espíritu del versículo bíblico, no deseo que estés cerca de Dios para que tengas simplemente ‘suerte’, sino te deseo la felicidad del estar cerca de Dios: ” Para mí el bien es estar cerca de Dios”.

¿Cómo puede hacerse realidad este deseo? La buena noticia es: este deseo ya se ha hecho realidad. Porque la cercanía de Dios no es algo que tendríamos que esforzarnos por nosotros mismos para obtenerlo o es un destino prefijado para algunos y para otros no. Más bien, Dios ofrece su cercanía a todas las personas en su Hijo, Jesucristo. Él vino al mundo y nos dio la felicidad del amor de Dios. Por eso, la felicidad de estar cerca de Dios no es una felicidad que todos deberían forjarse en la vida. No es una ‘suerte’ que hay que ganar con buenas obras. No es una suerte a la cual uno tenga que acercarse laboriosamente a través de la meditación u otras recetas para la felicidad. No es una felicidad a la que uno deba cultivarse con pensamientos filosóficos elevados. No, esta felicidad es una felicidad dada y una felicidad infantil. Infantil en dos sentidos: por un lado, es que Dios se convirtió en un niño humano, y por otro lado es que simplemente debemos aceptarlo de manera simple e infantil, con la fe como la de niños. “Para mí el bien es estar cerca de Dios”, y ese bien nos llega a través de Jesucristo.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, les deseo mucho bien (suerte y felicidad) para el próximo Año Nuevo. Además de todo tipo de bien terrenal, deseo sobre todo el bien más grande: el bien (o la suerte) de estar cerca de Dios. Ese bien es inquebrantable, se mantiene más allá de la muerte y conduce a la felicidad eterna. Incluso si uno de nosotros tiene que dejar este mundo en el nuevo año, podrá saber que la felicidad de estar cerca de Dios permanece intacta. No solo te deseo ese bien (y felicidad), y no necesito darte una receta de cómo hacerlo por ti. Por el contrario, proclamo y declaro este bien (suerte y felicidad) para todos nosotros en el nombre de Jesucristo, a través de quien Dios se acerca a nosotros, los seres humanos. Sí, el bien es estar cerca de Dios (y mi suerte). Amén

¿A qué estrella estamos siguiendo?

¿Sabías que
… ese buey y ese burro que puedes encontrar en casi todas los pesebres navideños, no aparecen en absoluto en la tradición navideña de los evangelistas? Sólo se habla de ovejas. Hay sólo una referencia a burros y bueyes en un versículo del A.T. en referencia al establo en Belén: “El buey conoce a su dueño, y el asno conoce el pesebre de su amo, pero Israel no entiende; ¡mi pueblo no tiene entendimiento!» (Is 1:3)

¿Uds. sabían que nadie sabe exactamente cuántos eran los sabios de Oriente que estaban realmente en el establo con Jesús? Solo en la tradición eclesiástica se ha convertido en tres y debido a los tres regalos (oro, incienso y mirra). Pero pueden también haber sido cuatro, cinco o siete La Biblia no dice nada sobre su número y ciertamente nada sobre su supuesto nombre.

Los saludo con el versículo para el mes de diciembre : “Después de escuchar al rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron mucho”. (Mt 2:9-10)
Con este versículo navideño quisiera reflexionar acerca de qué estrella estamos siguiendo en nuestras propias vidas.
La estrella que seguimos tiene un sentido simbólico en nuestra vida. Los sabios siguieron a la estrella que los llevó a Jesús. ¿Pero a qué estrella sigues?
Hay algunas personas que, siguen a la estrella de „Mercedes-Benz“ en sus vidas que, tiene que ver con todo lo relacionado con lo material. El propósito de su actitud en la vida es el consumismo y el querer siempre tener más. La Biblia nos advierte ante ese tipo de vida. Quien declare el materialismo como el principio rector de su vida, al final fracasará amargamente.

Hay otros que siguen la “estrella roja”. La estrella roja representa la vida orientada según una actitud política: ecológica, nacional, o socialista o económica. Quien convierta cualquier ideología terrenal, o una filosofía secular o un sistema político como significado de su vida estará terriblemente equivocado.

Otras personas declaran que los seres queridos son lo más importante y lo que da sentido a sus vidas. Estos siguen la “estrella interpersonal”. La vida dependerá de la maravillosa esposa, los grandes hijos o la fantástica familia. Todo sentido y plenitud de la vida estará en lo interpersonal y supuestamente se halla sólo allí. Sin embargo de acuerdo con el juicio de la Biblia, esta orientación de vida que está dirigida principalmente a los mortales, también está condenada al fracaso.

Por favor, no me malinterpreten ahora. La Biblia en sí misma no tiene nada en contra de la riqueza, nada en contra del inclinarse hacia lo social, política y todo lo que es saludable, y ciertamente nada en contra de una familia feliz y de la vida matrimonial.
Pero cuando todas estas cosas, estas estrellas, pero se convierten en el punto fijo, o se convierten en la inclinación central de nuestras vidas, la vida de las personas se convierte en algo perdido.
Una persona puede sólo encontrar una vida con sentido cuando se sigue a la estrella de Jesús. Así como lo hicieron los sabios de Oriente de la historia de Navidad. Estos dejaron sus familias en el oriente, usaron sus riquezas materiales, oro, incienso y mirra, y no siguieron las órdenes del rey. Todo porque había algo más grande para ellos: Jesús. Las estrellas, por demás importantes de sus vidas, como el dinero, la política y la familia se convirtieron en un asunto menor, porque pudieron encontrar lo principal: el Hijo de Dios.
Puesto que siguieron a esta estrella del Salvador, comenzaron a estar alegres y ser felices, como lo demuestra la historia de Navidad. Eso es lo que nosotros también podemos: si seguimos a la estrella de Jesús, viviremos una vida con sentido que nos conducirá a la alegría y la realización personal. Esto es lo que la Biblia promete. Y con este mensaje de Dios para ti, quiero concluir esta reflexión: sigue a la Estrella de Jesús, a quien Dios hace brillar para ti en las Santas Escrituras, ¡y encontrarás alegría, satisfacción y vida eterna! Dios el Señor, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, te bendiga y te guarde.

La actitud de tu corazón es lo que cuenta

Adán conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: «Por la voluntad del Señor he adquirido un varón.» 2 Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel era pastor de ovejas, y Caín cultivaba la tierra. 3 Andando el tiempo, sucedió que Caín llevó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. 4 Y Abel también llevó algunos de los primogénitos de sus ovejas, de los mejores entre ellas. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, 5 pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda. Y Caín se enojó mucho, y decayó su semblante. 6 Entonces el Señor le dijo a Caín:

«¿Por qué estás enojado? ¿Por qué ha decaído tu semblante? 7 Si haces lo bueno, ¿acaso no serás enaltecido? Pero, si no lo haces, el pecado está listo para dominarte. Sin embargo, su deseo lo llevará a ti, y tú lo dominarás.»

8 Dijo entonces Caín a su hermano Abel: «Vayamos al campo.» Y sucedió que, mientras estaban ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. 9 Y el Señor le dijo a Caín:

«¿Dónde está tu hermano Abel?»

Y él respondió:

«No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?»

10 Y el Señor le dijo:

«¿Qué es lo que has hecho? Desde la tierra, la voz de la sangre de tu hermano me pide que le haga justicia. 11 Ahora, pues, ¡maldito serás por parte de la tierra, que abrió su boca para recibir de tus manos la sangre de tu hermano! 12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza. Y andarás por la tierra errante y extranjero.»

13 Caín le dijo al Señor:

«Mi castigo es muy grande para poder soportarlo. 14 Tú me echas hoy de la tierra, y tendré que esconderme de tu presencia. Errante y extranjero andaré por la tierra, y sucederá que cualquiera que me encuentre, me matará.»

15 Pero el Señor le respondió:

«Pues cualquiera que mate a Caín será castigado siete veces.»

Y el Señor puso en Caín una señal, para que cualquiera que lo encontrara no lo matara.

16 Caín salió de la presencia del Señor y habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén.

Genesis 4:1-16

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Caín y Abel: a primera vista, una historia bien conocida; en segundo lugar, una historia extrañamente oscura; en tercer lugar, una historia con un mensaje claro: ¡La actitud de nuestro corazón es muy importante! Dios está probando nuestros corazones con esta historia, ya sea que la consideremos buena o mala. De la misma manera que se dice en el salmo utilizado para nuestra confesión: ” Señor, examina y reconoce mi corazón: pon a prueba cada uno de mis pensamientos.” (Salmo 139: 23).

Adán y Eva habían sido expulsados del paraíso por sus pecados. Sin embargo, Dios permaneció fiel a su bendición de la creación, que les había pronunciado: ” «¡Reprodúzcanse, multiplíquense…” (Génesis 1:28). Adán y Eva tuvieron hijos: Caín, Abel e hijas, de quienes se hablará en el siguiente capítulo de la Biblia. Los niños crecieron. Caín y Abel compartieron el trabajo agrícola: Caín cultivó el campo, y Abel se encargó del ganado. También debemos suponer que ambos eligieron mujeres de entre sus hermanas y tuvieron hijos. Luego tuvo lugar el acontecimiento con la ofrenda. Caín tomó parte de su cosecha y la puso en un altar para Dios. Abel eligió animales de sacrificio de su rebaño, los mejores animales primogénitos. La Biblia dice, “de los mejores entre ellas”. Abel también coloca sus regalos en un altar. Y luego dice: ” Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda”. Cómo Dios se los hizo saber a los dos, no figura allí, sólo podemos conjeturar. Lutero, en su interpretación, dijo que Dios encendió a las ofrendas de Abel con fuego del cielo, como lo hizo muchas veces en el pasado, pero no encendió el sacrificio de Caín. De todos modos, le hizo saber a Abel que aceptó su sacrificio, pero no a Caín. ¿Por qué Dios hizo eso? Porque Abel ofreció su sacrificio con un corazón creyente, pero Caín no lo hizo así. En Hebreos leemos, “Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, y por eso fue reconocido como un hombre justo, y Dios aceptó con agrado sus ofrendas. ” (Hebreos 11: 4). Abel realmente quería agradar a Dios y agradecerle por todo. También esperaba que Dios le fuera misericordioso a pesar de sus muchos pecados. Caín, por otro lado, no ofrendaba con corazón puro. Lutero dijo que Caín no era humilde y estaba orgulloso de su preferencia como primogénito; tal vez miró despectivamente a su hermano. También es digno de mención que Caín no trajo las primicias de sus cosechas, mientras que Abel escogió amorosamente lo mejor para Dios. En cualquier caso, Dios no miró con gracia la ofrenda de Caín debido a la impureza de su corazón.

Queridos hermanos y hermanas, si ofrendamos, ¡ofrendemos con corazones creyentes! ¿Qué podemos ofrendar? Por ejemplo, nuestro tiempo y nuestro dinero. Permitamos ofrendar tiempo para Dios para que lo alabemos de corazón. Permitamos ofrendar el tiempo para la Palabra de Dios, para que Dios pueda aumentar nuestra fe por medio de sus buenas nuevas. Si ofrendamos el tiempo que sea con un corazón creyente, ofrezcamos las “primicias” de nuestro tiempo al Señor, lo más “gordo”: comencemos cada día con un devocional matutino y comencemos la semana adorando a Dios en la iglesia todos los domingos. Pero si el corazón no es puro, o cuando las alegrías o tristezas del mundo tienen más importancia y nuestra fe queda soslayada, entonces sólo tendremos poco tiempo para Dios, quizás unos minutos antes de dormirnos, o una ocasional asistencia a la iglesia. Tal sacrificio de Caín no es agradable a Dios, por la impureza de corazón. Y pasa lo mismo con el dinero: “Dios ama a quien da con alegría” (2 Corintios 9: 7) – el que da por agradecimiento y con alegría; es el que realmente ofrenda: para la congregación, la misión y los necesitados. También querrá dar una parte importante de su dinero, ya que Abel dio lo mejor de sus animales de su rebaño. Pero a quien no le importa mucho el Señor y la construcción de su reino, no tendrá más que una propina para él. Esas ofrendas directamente habría que guardárselas; pues no hay bendición en eso. Dios mira el corazón. Quizás te estás preguntando alarmado ahora: ¿cómo puedo hacer para dar una ofrenda como la de Abel? La respuesta es: Observa cuidadosamente el sacrificio del Hijo de Dios Jesucristo, que ha sido entregado por ti. Mira cómo hizo todo por ti y cómo se hizo pobre para hacerte rico. Entonces, con la actitud correcta de corazón, darás así alegremente de tu riqueza y usarás tu vida para Dios.

Pero veamos cómo sucedió con la historia de Caín y Abel. “y decayó su semblante”, dice. Se puso celoso de su hermano y enojado con Dios. Frunció el ceño, revelando cómo era su corazón. Entonces Dios lo cuestionó. No sabemos cómo Dios le habló a Caín, ya sea por una voz del cielo o por la voz de su conciencia. Lutero dijo que su padre Adán había hablado con Caín en el nombre de Dios. Como sea que haya sido Dios cuestionó a Caín. Dios tenía buenas intenciones con él. Quería evitar que Caín fuera destruido por la mala actitud de su corazón, y por lo tanto le advirtió que no lo hiciera. Él dijo: “¿Por qué estás enojado? ¿Y por qué estás frunciendo el ceño? Si haces lo bueno, ¿acaso no serás enaltecido? Pero, si no lo haces, el pecado está listo para dominarte. Sin embargo, su deseo lo llevará a ti, y tú lo dominarás”. Caín, sin embargo, no se entregó a la razón, sino que se dejó llevar por su enojo. Su malvado corazón lo llevó aún más al pecado. Finalmente, Caín mató a su hermano inocente. ¡Lo que un ser humano es capaz de hacer, llegar hasta matar por no querer humillarse ante Dios!

Queridos hermanos y hermanas, estamos consternados por tal acto. Estamos impactados cuando experimentamos en nuestros días, cuando escuchamos de: niños que matan a sus padres, hermanos que se matan en las guerras, sí, incluso padres que ponen las manos sobre sus hijos. Quizás pensamos: no son normales, ya no son humanos. Y, sin embargo, desafortunadamente, es demasiado normal y demasiado humano todo lo que vemos a través sensacionalismo de los medios. Aparece un corazón malo, un corazón malo, que puede vivir en cualquier ser humano. “desde su juventud las intenciones del corazón del hombre son malas”, dice Dios (Génesis 8:21). Todos conocemos el odio y los celos contra nuestros hermanos, ya se trate de hermanos biológicos, o los hermanos cristianos o simplemente del ser humano. A los ojos de Dios, podemos llegar a ser asesinos, porque Dios ve el corazón. “Todo aquel que odia a su hermano es homicida”, escribió el apóstol Juan en su primera carta con referencia a Caín (1 Juan 3:15). Y Jesús dejó en claro en el Sermón del Monte que aquel que está enojado con su hermano no es mejor ante Dios que el que mata. Sí, también esto está en nuestros corazones y puede surgir con frecuencia. Aunque no aplastemos el cráneo de nadie, porque tenemos demasiada educación y también tememos las consecuencias, pero dejamos que otros sientan nuestro odio de otras maneras: con comentarios agudos, con chismes o habladurías tal vez, o por desprecio, o por una cortesía hipócrita. “El pecado está listo para dominarte. Sin embargo, su deseo lo llevará a ti, y tú lo dominarás”, le dijo Dios a Caín, y él también nos lo dice a nosotros. ¡Oh, que nuestro mal corazón no determine nuestro hablar y nuestras acciones! Pero no podemos hacerlo solos. Debemos tener nuestros corazones limpios por medio de Dios, a través de su Hijo, Jesucristo. Purificados por lo que pedimos al Padre celestial: “No nos dejes caer en tentación” ¡No dejemos que la iniquidad nos domine, sino que pidamos que Dios nos libre!

Veamos ahora como termina la historia. Es bastante oscuro, por supuesto. Dios le preguntó a Caín acerca del vil fratricidio. Caín inicialmente dio una respuesta desvergonzada: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Y Dios fue claro: “«¿Qué es lo que has hecho? Desde la tierra, la voz de la sangre de tu hermano me pide que le haga justicia” y luego del castigo, Dios le dijo a Caín: “¡Maldito serás por parte de la tierra, que abrió su boca para recibir de tus manos la sangre de tu hermano! Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza. Y andarás por la tierra errante y extranjero”. Entonces un horror helado se apoderó de Caín: ahora estaba consciente de lo que había hecho. “Mi castigo es muy grande para poder soportarlo”, gimió. También se podría traducir: “Mi pecado es demasiado pesado”. En hebreo, hay una y la misma palabra para la acción y la consecuencia, pecado y castigo. El conocimiento del pecado siempre sucede en conexión con el juicio de Dios. No sabemos si Caín se arrepintió verdaderamente. El arrepentimiento va un paso más allá e incluye la confianza de que Dios perdonará la culpa. Lutero y muchos comentaristas de la Biblia dicen que Caín no pudo encontrar la penitencia; la falta de arrepentimiento lo habría conducido solo a la desesperación y finalmente a la condenación, como fue el caso, por ejemplo, con Judas Iscariote. Tengo un poco de esperanza de que tal vez Caín finalmente haya encontrado la penitencia y su alma haya sido salvada a pesar de su grave culpa. Sin embargo, Dios lo liberó un poco de esa pesada maldición. Caín tenía miedo de la venganza sangrienta de los descendientes de Abel, pero Dios lo protegió con una señal. Eso también es oscuro, qué clase de signo fue ese no lo sabemos. Lo que sí está claro es que Dios en su gran misericordia también pudo perdonar a un gran pecador como Caín.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, este es nuestro gran consuelo y nuestra esperanza cierta: A pesar de que hayamos caído en la tentación, incluso si el pecado nos hubiera vencido, podemos arrepentirnos mediante la penitencia y la confesión con la esperanza del perdón de Dios. Ningún pecado es tan pesado que no pueda ser perdonado. Sólo el corazón obstinado, que no puede encontrar el regreso a Dios quien reconoce las profundidades de la culpa y el castigo, no puede creer en la misericordia de Dios. Cuando estás en peligro, cuando tu fe amenace con extinguirse y solo haya oscuridad y desesperación en ti, recuerda la señal de misericordia que Dios te ha hecho: tu fe en él en primer lugar y tu santo bautismo. Esta es la señal de Dios de que la muerte y el pecado no deberán prevalecer sobre ti, en virtud de la sangre de Jesucristo, que también fluyó por ti. ¡Piensa en este signo, ten en cuenta el amor de Dios! ¡Mantén tu corazón limpio y renovado y lleno de fe! Porque la actitud del corazón sí importa; Dios mira tu corazón. Amén.

Soy bueno por la fe que tengo en Cristo

Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado.

»Ahora bien, cuando buscamos ser justificados por Cristo, se hace evidente que nosotros mismos somos pecadores. ¿Quiere esto decir que Cristo está al servicio del pecado? ¡De ninguna manera! Si uno vuelve a edificar lo que antes había destruido, se hace transgresor.  Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios.  He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.  No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.»
Gálatas 2:16‑21

Vivimos en una sociedad de rendimientos o de productividad. Ya desde niños se nos pide que produzcamos: Hay que comer todo lo que está en el plato, hay que agradecer cuando se recibe un regalo, hay que atarse bien los cordones de los zapatos. Al alumno se lo juzgará con calificaciones conforme a sus exámenes. Lo mismo sucede al estudiar para un oficio, en los exámenes que tengamos que pasar contará sólo el rendimiento que hayamos alcanzado. En el trabajo, el empleado será tan importante como lo sea su rendimiento y para los cuentapropistas, su existencia financiera dependerá también de su productividad. Aún en el área del hogar, puede suceder que, se exija también rendimiento, en el matrimonio y en la familia y puede hasta suceder que, se ame al otro por lo que llegue a rendir y no por como sea como persona. Hay expectativas tanto de la esposa como del esposo, de los padres y de los hijos, de los suegros y de los yernos. Hay muchos que hasta piensan así: Si el otro hace lo que yo espero de él, todo va a estar bien; si no lo hace, me decepcionará y se lo haré notar.

Puesto que toda nuestra vida está impregnada del principio del rendimiento, se nos hace difícil creer que, Dios no tenga en cuenta también nuestro propio rendimiento. Y este principio no es ningún invento nuevo, lo mismo sucedía en los primeros siglos de nuestra era. Por ejemplo en siglo I después de Cristo, pasaba lo mismo con los creyentes de la región de Galacia, hacia quienes Pablo dirige su epístola. El motivo por el cual Pablo escribe esta carta, es por las malas noticias provenientes de Galacia. Pablo no podía creer lo que escuchaba. Había gente que le decía a esta congregación de los Gálatas que si querían ser salvos tendrían que cumplir con ciertas leyes de los judíos. Y los gálatas no eran judíos de nacimiento sino paganos. Muchos de los gálatas estaban a punto de creerle a esta gente. Era siempre más fácil creer que, Dios requiera cierto sacrificio de ellos, para que pueda aceptarlos que, pensar que él los aceptaría sin ningún tipo de méritos. Pablo debe haberse sentido bastante molesto, al recibir estas noticias, e hizo uso de todo su fervor para explicarles a los gálatas el evangelio de Jesucristo. Y así fue la manera en la cual él aportó a la edificación de esta congregación. No se cansaba de anunciar que, había que liberarse de esa presión del rendimiento delante de Dios que, por otro lado los gálatas también conocían de sus dioses paganos. No se cansaba de resaltar que, no es por medio de las obras de la ley, sino que, ¡sólo serían considerados justos por la fe que tenían en Jesucristo! ¿Lo habrán entendido o será que lo habían olvidado?
Creo que, puedo entender bien a Pablo. Cuando preparo mis predicaciones, a veces pienso: ¡pero, si estas cosas tanto la congregación como yo las conocemos bien! Sabemos bien que sólo vamos a llegar a ser buenos delante de Jesucristo por medio de nuestra fe; ¿es que tengo que volver a repetir este tema?, no será que se cansarán? Sin embargo, compruebo por medio de las conversaciones que, hay miembros de la iglesia que todavía no han entendido cabalmente lo que el evangelio dice. Siguen pensando que, se van a ganar un lugar en el cielo portándose bien en esta vida, es decir esforzándose en producir. Y una vez más compruebo que, ese principio de rendimiento sigue arraigado profundamente.

Cuando Pablo recibe estas noticias amargas desde Galacia, se pone a escribir su epístola y se las envía a los gálatas. Hay una parte que me interesaría especialmente resaltar, comienza así: “…al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley…” Las obras de la ley son aquella forma de rendimiento con las cuales el ser humano quiere alcanzar el favor de Dios. “Justificado”, significa en el lenguaje de la Biblia, “inocente”, como el que es hallado inocente en un juicio, es decir libre de condena. Podríamos ligeramente traducirlo como ‘bueno’. Lo que está queriendo decir Pablo con esto es que, nadie podrá vivir su vida en una forma que verdaderamente agradará a Dios. El dice: “al reconocer”, es decir que no tenemos duda ya, y de esto da fe la Biblia. Y toda persona que tome con seriedad los mandatos de Dios y sea lo suficientemente autocrítica, va a poder constatar que, Dios nunca va a poder estar conforme con mi rendimiento, ni tampoco con el rendimiento de los demás.

Y puesto que es así, hay sólo un camino hacia la salvación que es el que la palabra de Dios dice: el camino de la fe hacia Jesús. Pablo escribe: “Al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley”. ¡Qué paciente que es Pablo con lo gálatas! En todo momento está repitiendo lo más importante: no por medio de las obras de la ley, sino por medio de la fe. Y agrega: “también nosotros hemos puesto nuestra fe”, y con ello él piensa en los cristianos de origen judío que, habían crecido con las leyes judías. Hasta los judíos, dice Pablo, reconocieron que, toda la obediencia que yo puedo tener a la ley y toda mi piedad son “estiércol”, así se expresa en otra epístola (Flp 3:8) Es por eso que, el único camino para lograr pararme delante de Dios e ir al cielo es Jesucristo. Al final del versículo lo resalta: “Porque por éstas [las obras] nadie será justificado”. Literalmente se lo machaca a los gálatas y así también lo hace con los que aún lo necesitan saber.

En el versículo 18 dice Pablo: “Si uno vuelve a edificar lo que antes había destruido, se hace transgresor”. Piensa lo que sucedería si los gálatas volverían a sus antiguas creencias y muestra lo tonto que eso sería. Y dice: yo había abandonado ese concepto de la justificación por las obras. Como judío que era, intenté por medio de mi piedad ser reconocido delante de Dios. Pero imagínense, volvería a aquello que antes abandoné. Me hubiera dado la cabeza contra la pared. Yo diría que, lo que creía como cristiano era falso, lo que creía como judío era correcto. Nada más y nada menos llegaría a rotular mi cristianismo como algo pecaminoso; llegaría a convertirme en un infractor.

Lo que Pablo escribe es una especie de suposición, como si él quisiera justificarse como los gálatas por medio de las obras de la ley, y demuestra que, así la cosa no funciona. Para él la fe cristiana significa que: “Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios”. Pablo había estudiado bien la ley y se dio cuenta que, es imposible llegar a cumplirla; nunca podría por medio de la ley mostrarme justo delante de Dios. Por eso casi enloqueció queriendo justificarse por medio de ésta y por eso comenzó a andar por el otro camino, el único camino que, conduce a una vida con Dios: el camino de la fe en Cristo. A través del estudio de la ley llegó a abandonar la posibilidad de justificación por esta misma. Es por eso que dice “morir” a la ley. Y ese morir, lo ve en estrecha relación con la cruz de Cristo. Así dice: “He sido crucificado con Cristo”, y piensa en su bautismo. Y acerca de su bautismo escribe en otra epístola: “Mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Ro 6:4).

Esta vida nueva es cuando dice: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”.
¡Cristo vive en mí, eso es la fe! Cuando Dios me mira, no me está viendo sólo a mí sino que, está viendo también a su Hijo Jesucristo quien, desde el momento del bautismo vive en mí. Y dice: “Tú estás justificado, estoy contento contigo”. Pero, no porque yo soy bueno, sino porque Jesús es bueno y ha dado su vida por mí. Tener fe significa que, yo pertenezco a Jesús y Jesús pertenece a mí. Vivo en él y él vive en mí. Tener fe es tener comunión de vida con Jesucristo, por eso es que leo la Biblia, por eso es que quiero pertenecer a una congregación, por eso es que voy a la iglesia, por eso es que recibo la Santa Cena: para poder vivir esta comunión con mi Señor y no para que la gente me vea como alguien piadoso porque sino volveré a caer en ese círculo vicioso de pensar en rendimientos que, no salvan. Pablo escribe: “Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”

En el último versículo Pablo resume lo importante: “No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano”. Con esto quiere decir: ‘Sí, queridos gálatas, entiendan de una vez por todas que lo que ustedes hacen cuando quieren ser justificados por las obras es: tirar por la borda la Gracia de Dios. La gracia de Dios es su última oportunidad para la vida. Porque sino Jesucristo habría muerto en vano por ustedes y todos sus hechos y palabras serían de balde, tranquilamente podrían volver a adorar a sus dioses paganos o directamente no necesitarían creer en más nada’.

Estimada comunidad: dejémonos interpelar a fondo por las urgentes palabras del apóstol Pablo. Mantengámonos en la verdadera fe en Jesucristo. No nos hagamos ilusiones de que Dios nos llevará al cielo por las obras que hagamos o que nos dicen que hay que hacer. Quien deposite sus esperanzas en cosas tales, echa por tierra la gracia de Dios. Para quien tenga tales esperanzas, Cristo ha muerto en vano. Quien tenga tales esperanzas no comprendió aún de qué se trata el evangelio y de qué se trata la iglesia. En resumen: quien tenga tales esperanzas, no cree en Jesucristo. Acerquémonos por tanto el Único, mantengámonos en él, el fiel salvador Jesucristo, permanezcamos en una fe estrecha junto a él, pongamos nuestra esperanza en él, vivamos con él y muramos con él. Amén.

El regalo de la salvación

La vida luego del bautismo

Un ángel del Señor le habló a Felipe, y le dijo: «Prepárate para ir al desierto del sur, por el camino que va de Jerusalén a Gaza.»  Felipe obedeció y fue. En el camino vio a un etíope eunuco, funcionario de la Candace, reina de Etiopía. Era el administrador de todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar;  y ahora iba de regreso en su carro, leyendo al profeta Isaías.  El Espíritu le dijo a Felipe: «Acércate y júntate a ese carro.»  Cuando Felipe se acercó y lo oyó leer al profeta Isaías, le preguntó: «¿Entiendes lo que lees?»  El etíope le respondió: «¿Y cómo voy a entender, si nadie me enseña?» Y le rogó a Felipe que subiera al carro y se sentara con él.  El pasaje de la Escritura que leía era éste:

«Como oveja fue llevado a la muerte,
como cordero delante de sus trasquiladores
se callará y no abrirá su boca.
Sufrirá la cárcel, el juicio y la muerte;
¿y quién entonces contará su historia,
si él será arrancado por completo
de este mundo de los vivientes?»

El eunuco le preguntó a Felipe: «Te ruego que me digas: ¿De quién habla el profeta? ¿Habla de sí mismo, o de algún otro?»  Entonces Felipe le empezó a explicar a partir de la escritura que leía, y le habló también de las buenas noticias de Jesús.  En el camino encontraron agua, y el eunuco dijo: «Aquí hay agua; ¿hay algo que me impida ser bautizado?» Felipe le dijo: «Si crees de todo corazón, puedes ser bautizado.» Y el eunuco respondió: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.» Y el eunuco mandó detener el carro, y ambos descendieron al agua y Felipe lo bautizó.  Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor se llevó a Felipe y el eunuco no volvió a verlo, pero siguió su camino lleno de gozo.

 

Hechos 8:26-39

Esta historia de los Hechos de los Apóstoles la queremos leer a la luz de la temática del domingo que es “La vida a partir de nuestro bautismo”. En este día queremos reflexionar acerca de lo que significa ser bautizados y como llevamos nuestra vida de allí en más.
Por supuesto queremos entender el mensaje particular de esta historia y por qué ha sido incluida en el libro de los Hechos de los Apóstoles y por qué nos llega hasta nosotros hoy y aquí.

Muchas personas paganas, o gentiles, es decir aquellos que no profesaban la fe judía eran atraídas también por aquel particular Dios de los judíos que era invisible intocable y único. La mayoría de los pueblos paganos de aquel tiempo poseían un panteón de dioses y muchas veces eran representados por estatuas o por los astros del cielo. Muchos de esos dioses casi podían tocarse concretamente. Pero hoy sabemos que todo ídolo ideado por el hombre no pasa de ser una creencia basada en la superstición humana y no en la verdadera esencia de Dios. Y hasta el día de hoy pasa lo mismo con las personas de nuestra época que dicen no creer en nada o que han renegado de Jesucristo. El ser humano tiene una necesidad innata de creer en algo superior, pues en realidad somos creación de algo superior. Y en esa búsqueda muchos se vuelvan a dioses paganos o las llamadas supersticiones. Tienen esas supersticiones algún tipo de poder sobrehumano, sí muchas veces sí, pero ese poder no viene de Dios sabemos muy bien de donde proviene.

Este funcionario de la reina de Candace se nos dice que provenía de Etiopía en África al sur de Egipto. Era un diplomático que, seguramente habrá llegado a Jerusalén por asuntos de estado. Y dice que había venido al templo a adorar. De seguro era una persona devota en su fe y abierta espiritualmente a lo divino. Y seguramente habrá tenido curiosidad por conocer la espiritualidad del pueblo judío y no sólo eso sino que Dios por medio de su Espíritu Santo había planeado que esa persona abierta a lo espiritual pueda recibir el mejor regalo en su estadía allí.
Cuando somos personas abiertas a lo espiritual abiertas y respetuosas a la posibilidad de la existencia de un Dios, aún si no hemos conocido al Dios vivo tenemos una gran posibilidad de encontrarlo. También pasa lo mismo en los cristianos. Si tenemos humildad para con Dios y buscamos de su presencia, aún seamos débiles y con muchas fallas, Dios está dispuesto a regalarnos más de su Espíritu y de su bendición por nuestra propia entrega. Ser abiertos a Dios significa que, a pesar que sabemos que no leemos la Biblia o no oramos mucho o no vamos mucho a la iglesia, pero si en nuestro corazón se encuentra el deseo ardiente de hacerlo y nos sentimos mal cada vez que no podemos hacer las cosas que le agradan a Dios, él nos va a ayudar en esa debilidad por la actitud de nuestro corazón.

Allí vemos según nos cuenta la historia que el funcionario está volviendo a su patria e iba leyendo en voz alta una parte del libro del profeta Isaías que decía: Como oveja fue llevado a la muerte,
como cordero delante de sus trasquiladores
se callará y no abrirá su boca.
Sufrirá la cárcel, el juicio y la muerte;
¿y quién entonces contará su historia,
si él será arrancado por completo
de este mundo de los vivientes?»
El etíope necesitaba alguien que le interprete la Biblia. Las personas que nunca han leído la Biblia se encuentran mayormente frente a esta dificultad, leen pero no entienden. Es por eso que necesitamos de la comunión de los santos la iglesia, donde juntos podremos interpretar la Palabra de Dios. Es por eso que no se puede adorar a Dios sólo, sin asistir a la iglesia. Necesitamos de otros que nos expliquen muchas veces. En este caso se encuentra Felipe el discípulo, quien al escuchar las palabras y encomendado por el Espíritu le pregunta: «¿Entiendes lo que lees?» El etíope le respondió: «¿Y cómo voy a entender, si nadie me enseña?».

Entonces Felipe le cuenta que allí se trata de una profecía del Antiguo Testamento referida a Jesús. Allí Jesús le habló de las buenas noticias acerca de Jesús. Seguramente habrán estado un largo rato hablando mientras viajaban y el funcionario gracias a su apertura espiritual a su búsqueda pudo recibir el Espíritu y experimentar una conversión, un nacer de nuevo.

Lo mismo pasa con mucha gente que es humilde a la palabra de Dios. Lo mismo pasa cuando nos entregamos a la posibilidad de que hay un Dios que nos creó y desde nuestro propio espíritu reconocemos esa necesidad innata que hay en nosotros de reencontrarnos con nuestro Creador y Señor. Cuando tenemos la dicha de encontrar la iglesia donde se predica la pura palabra De Dios y accedemos a ella entonces somos realmente bendecidos. Hay personas que van a los tumbos por sus vidas pero tienen la capacidad de ser mansos espiritualmente. Incluso van a una iglesia, como fue el mismo caso del funcionario etíope que sin ser de la misma religión tuvo el respeto de participar de la vida del templo. Y también hay personas que sin entender acuden a la Biblia y con deseo y avidez quieren leerla y buscar la iluminación espiritual aunque puedan no entenderla; valoran la Biblia y buscan leerla con devoción y respeto. De la misma manera que sucedió con el funcionario. De esa única manera es que el Espiritu Santo de Dios puede obrar milagros en nuestras vidas, si primero hay en nosotros una entrega a la posibilidad del Espíritu Santo.

Luego de ello Felipe le dice: «Si crees de todo corazón, puedes ser bautizado.» Y el eunuco respondió: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.»
Y aquí en esta parte final viene vemos una parte muy importante: El ser conscientes de lo que hacemos. El bautismo es una parte importante de nuestra vida cristiana. Jesús mismo nos dice en otro lado: “El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, será condenado”. (Mc 16:16) Muchos de nosotros hemos sido bautizados de niños por la tradición y por la supuesta fe de nuestros padres. Algunos consideran que deben dar un paso más y quiere ser bautizados de grandes otra vez. Esto último es una decisión personal. Eso está bien, en tanto y en cuanto luego hayamos tenido un momento en nuestras vidas, de forma consciente, de aceptar creer en Jesucristo como el Hijo de Dios, así como lo hizo el funcionario y decidir poner mi vida en obediencia a su palabra. Si hemos tenido ese momento d conversión en nuestras vidas ese bautismo es válido, de otra manera debemos entregarnos a Dios por fe para ser salvos, de la misma manera que Jesús le invitó a hacerlo a Nicodemo: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Jn 3:5)

La vida del eunuco cambió radicalmente a partir de aquel momento y de seguro el mismo habrá sido un multiplicador de entre los suyos; un misionero. Y habrá comprendido que luego de una conversión y un bautismo de estas características comienza una nueva vida en la persona, ¿y tú has experimentado esto mismo en tu propia vida? Has podido decirle a Dios: «Aquí hay agua; ¿hay algo que me impida ser bautizado?»–«Si crees de todo corazón, puedes ser bautizado.» Y así como el eunuco haber podido decir: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.».
Dios quiere regalarnos  la salvación si estás seguro de haber dado este paso entonces debes comenzar a vivir tu vida después del bautismo con total fe y confianza en Dios. Ya no es más la superstición o las ideologías o los dioses paganas o gurús que van a ayudarte durante tu vida sino que un Dios vivo va a tu lado, en tanto tú ejercites tu fe por medio de la oración. La lectura de la Palabra de Dios y de tu participación activa en la iglesia. La protección y los milagros de Dios está siempre a tu lado, pero ello depende de tu fe de tu confianza y de tu obediencia a Dios.
Amen