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Volver a los Evangelios

Sermón para el día de la Reforma 500 años
 Mateo 10:26-33
»Así que, no los teman, porque no hay nada encubierto que no haya de ser manifestado, ni nada oculto que no haya de saberse.  Lo que les digo en las tinieblas, díganlo en la luz; y lo que oyen al oído, proclámenlo desde las azoteas.  No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien, teman a aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.  ¿Acaso no se venden dos pajarillos por unas cuantas monedas? Aun así, ni uno de ellos cae a tierra sin que el Padre de ustedes lo permita,  pues aun los cabellos de ustedes están todos contados.  Así que no teman, pues ustedes valen más que muchos pajarillos.  A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.  Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.


A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
¡Qué versículo desafiante, especialmente pensando en nuestros días, donde hay tantos mártires en el mundo que aún siguen predicando al Dios vivo de la Biblia, y donde también hay tantas iglesias que diluyen el mensaje de la palabra de Dios, la Biblia!
Lutero supo muy bien qué quería decir esta palabra para hoy. Lo descubrió cuando pudo leer la Biblia por primera vez. Y sintió que todas las verdades claras y sencillas de la Biblia tenía que comunicarlas a su comunidad. La valentía de Lutero consistió en liberar el poder de la verdad clara y sencilla de la Biblia para y que sea entendible para toda la gente. Esta Palabra llegó a transformar el mundo en aquella época.
Y esa palabra también nos desafía hoy a seguir proclamando la única verdad de la Biblia de una forma clara, sencilla, directa pero desafiante. En la historia de la iglesia cristiana cada vez que hubo un movimiento de avivamiento y de fuerte presencia del Espíritu Santo fue cuando los creyentes volvieron a re-leer y a creer en la palabra de Dios, la Biblia, como verdadera Palabra de Dios por encima de los conocimientos del mundo.
Y eso está pasando lamentablemente en nuestra sociedad hoy en día donde muchos creyentes llegan a diluir el mensaje de la Biblia para adaptarlos a los caprichos de la sociedad de turno. Y Lutero se caracterizó precisamente en guiarse según las Sagradas Escrituras y no las enseñanzas del mundo de su época.
Cada uno de nosotros como creyentes y cada una de nuestras iglesias recibirá la bendición de Dios y recibirá la unción de Dios en tanto vuelva una y otra vez a poner la sola autoridad de las Sagradas Escrituras y así confesar a Jesucristo delante de los hombres.
Lutero, al comenzar a leer la Biblia, al volver a las fuentes del Evangelio, se sintió aliviado, reconfortado y amado por Dios y libre de los requerimientos que la iglesia decía que había que cumplimentar para “ganarse el cielo”. Se dio cuenta que las verdaderas buenas obras son las que brotan de un corazón agradecido producto de la fe en Jesucristo. Así como él dijo: “La fe en Cristo es el comienzo de todas las buenas obras”. Son obras de amor al prójimo y no una competencia hacia la salvación. Los sacrificios impuestos por las religiones y todas las exigencias (ayunos, celibato, renuncias, sacrificios personales, procesiones) no conducen a nada. Por el contrario, por una parte producen jactancia porque quien los practica se cree ya mejor que los demás y por otra parte llevan a la desesperación porque nadie puede llegar a cumplimentar todo a la perfección.
Es por eso que uno de los re-descubrimientos más grandes que hizo Lutero fue al leer la Biblia y comprobar la verdad hasta ese momento oculta de la misma y entonces así él resumió en cinco aspectos fundamentales que no tenemos que perder de vista para nuestra salvación:
Sólo por la fe
En la época de Lutero, la gente se acercaba a la iglesia por miedo a ir al infierno. La gente corría detrás de hacer todo lo posible para asegurar el perdón ya en esta tierra.
Es muy probable que en nuestros días poca gente corra detrás del perdón y se interese muy poco por la vida más allá de la muerte, pero casi todos corren detrás de ser reconocidos y valorados en la sociedad en que viven.
Lo que Lutero redescubrió fue que el reconocimiento y el valor en esta vida lo podemos recibir en un instante y de forma gratuita de parte de Dios. Ningún estudio o carrera, ningún sacrificio, ninguna vida de riquezas materiales, ningún esfuerzo de la voluntad nos podrá hacer perfectos. Ningún cumplimiento estricto de la religión nos asegura la vida eterna. Ninguna obra de bien en la sociedad o voluntariados o sacrificio nos acercará más a Dios o nos perdonará nuestros pecados. Sólo por la fe podemos acercarnos a Dios, obtener su perdón y vivir como cristianos. ¿Qué es la fe? No es una simple aceptación de alguna doctrina, sino una confianza profunda en Dios y nuestra decisión de entregar nuestra vida a EL. Es la confianza en que por la muerte sacrificial de Cristo mi culpa por mi pecado ya ha sido pagada y que Dios me transforma en una nueva. Es saber que soy indigno, pero que Dios me regala dignidad. Es confiar en que Dios me ama y me invita a su reino. La religión es muchas veces sólo un paquete de tradiciones heredadas y de ceremonias y ritos del pasado, pero la fe es una experiencia del perdón del pecado y de una vida nueva en comunidad. Es sabernos aceptados por Dios, e invitados a vivir en comunión con otras personas. Dios nos ama, Dios nos perdona por la obra de Cristo, Dios cambia nuestra vida. Dios nos coloca en una iglesia. Dios crea con nosotros y con los otros creyentes en Jesucristo una familia nueva que vive de manera distinta y hasta muy a menudo opuesta a la manera de vivir de la sociedad. Con los cristianos, Dios crea una alternativa al mundo, un mundo diferente, como decimos ‘santo”.
¿De dónde proviene la fe? Por la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios, aceptada precisamente con fe, en medio de una congregación en la que todos los discípulos se apoyan uno al otro.
“Sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe de Jesucristo” (Gal 2:16)
Sólo por la Gracia
Quiere decir que Dios perdona al pecador gratuitamente y por misericordia, y no porque deba de hacer cosas. Hace quinientos años la gente no sabía cómo ganarse la bendición de Dios. Cuanto mayor era el sacrificio, tanto mayor se creía que sería la obra. Algunos hasta se auto flagelaban en extremo. La Reforma insistió en que Dios regala la salvación. Dios no tiene que recompensar nada a nadie. Lo que hace, lo hace sólo porque quiere. Así es el amor verdadero; no se vende ni se compra, sino que se regala, se acepta y se vive. Pero hay que resaltar algo muy importante que hay sólo una condición para que Dios nos regale esa salvación y esa condición es arrepentirnos de nuestros pecados y decidir comenzar a creer en Jesucristo como Señor y Salvador nuestro y decidir comenzar a comprometer nuestra vida a Dios por fe, ese el primer paso. La condición es por tanto la fe.
Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios (Ef 2:8)

Sólo la Palabra, las Sagradas Escrituras o la Biblia
¿De dónde provenían todas aquellas reglas y las enseñanzas sobre los castigos del purgatorio, las indulgencias, los sacrificios personales, la necesidad de obras buenas? ¿De dónde salió la el negocio del perdón de Dios? ¿De dónde salió el negocio con la gracia de Dios? ¿Fue acaso de la Biblia? Por supuesto que no.
Durante muchos siglos había crecido en la iglesia innumerables enseñanzas humanas, especulaciones, tradiciones populares, decisiones de la institución iglesia, creencias y costumbres. Esa selva había tapado el mensaje bíblico. La Reforma volvió a sostener que solamente la Biblia es la fuente y norma para la fe y la vida cristiana. Por ello rechazó todo lo que no se encontraba en la Biblia. Entre esas creencias rechazadas se hallan las obras que otorgan méritos, las indulgencias, el purgatorio. Sólo así pudo volver a enfatizarse la obra de Cristo. La Reforma colocó la predicación entendible, clara, sencilla y directa en el centro de la adoración y promovió la Biblia entre todos los creyentes. Todos los que creen en Cristo deben conocer la Palabra de Dios, alimentar con ella su fe y conducir su vida a partir de ésta. Sin la lectura de la Biblia es imposible la fe cristiana.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim 3:16)

Sólo por medio de Cristo
Durante la Edad Media se había formado la aceptación de un gran número de mediadores entre Dios y los seres humanos: vírgenes, santos y patronos de todo tipo, los sacerdotes mismos, las obras de sacrificio de los fieles, las indulgencias, las reliquias (sobre todo, huesos y otros restos de santos). Una vez redescubierto el valor incomparable de la obra de Cristo, la Reforma insistió en que solamente Cristo él es mediador y salvador de los que creen. La salvación es sólo su obra. Toda otra ayuda o intermediación es innecesaria y además contraria a la Biblia.
La reforma redescubrió que cada creyente puede y debe tener una relación viva con su Señor. Esa relación se mantiene a través de la oración, el estudio de la Biblia y la participación activa en la congregación.
Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, que es Jesucristo hombre (1 Tim 2:5)
Y el quinto aspecto:
Sólo a Dios sea la gloria
Todo lo que somos y hagamos lo hacemos para honrar a Dios y porque él nos lo permite.
Muchas de las prácticas equivocadas de aquella época ya han quedado en gran parte superadas. No es necesario mantener una animosidad hacia los cristianos de la fe católica, como se hizo en el pasado. Pero lo que sí debemos hacer es afirmar nuestra propia fe en los evangelios. Tenemos que saber en qué y en quién creemos, saber por qué lo creemos, tener la certeza personal de que vivimos del perdón de Dios, y participar con convicción en la congregación de creyentes. Si creemos, sentimos y sabemos esto, y si nos mantenemos unidos a nuestra Iglesia y participamos activamente en su misión, crecerá en nosotros la verdadera y renovada fe en Cristo de la misma manera que Lutero quiso enseñar a la iglesia de su tiempo.
Que el Señor nos pueda dar la fe que, no es otra cosa que un milagro de Dios, pues no todos pueden creer, sólo los que son tocados por el Espíritu Santo; pero también la decisión de creer, pues hay muchos que saben que Dios es real pero no se deciden a confiar su vida a él todavía; Que nos de la valentía de ser creyentes pero también de ser testigos de Jesucristo y de hablar sobre lo que sólo la Biblia dice sobre Cristo con aquellos que todavía no lo conocen; Valentía que delante de Dios se transformará en bendición y dicha para nuestras vidas y nuestras iglesias. Amén.