La provisión que viene de Cristo.

Hoy Jesús alimenta a miles de personas con cinco panes y dos pescados. Lo que tenemos, lo que traemos a la mesa de Jesús, parece que no es suficiente para satisfacer todas las necesidades que vemos a nuestro alrededor. Pero no es el porte de nuestros suministros o nuestras habilidades lo que al final marca la diferencia: es el poder de Jesús obrando en los más pequeños y en los que menos recursos y capacidades delante del mundo aparentan tener, para transformar este mundo en el mundo que Dios desea, un mundo donde todos los hambrientos (en todos los sentidos) estén satisfechos.

Este es uno de los milagros más populares del Evangelio nos motiva a creer. Cada vez que leemos los evangelios somos alentados a confiar y a incrementar nuestra fe. Esto no es por nuestro deseo de devoción o por la positividad de la Biblia, esto se debe a la obra del Espíritu (Ro 10:17). Es decir, se debe a la sobrenaturalidad de Dios. De la misma forma cuando releemos este milagro debemos interpretarlo como lo que es: una manifestación del poder de Dios en su Hijo Jesucristo, la intención del evangelista no nos deja otra opción.
Para nuestro diario vivir el mensaje para hoy es que Jesús se ocupa de nuestra provisión. Está en nosotros el confiar en El (v. 6) y abrir nuestro corazón a su omnipotencia (v. 2)
Qué Dios nos de la claridad de la fe que cambia radicalmente la vida del ser humano.

La enseñanza para esta nueva semana

Juan 6:15
Después de esto, Jesús se dirigió al otro lado del lago de Galilea, el lago de Tiberias. 2 Y una gran multitud lo seguía, porque veía las señales que hacía en los enfermos. 3 Entonces Jesús subió a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4 Ya estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 5 Cuando Jesús alzó la vista y vio que una gran multitud se acercaba a él, le dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan, para que éstos coman?» 6 Pero decía esto para ponerlo a prueba, pues él ya sabía lo que estaba por hacer. 7 Felipe le respondió: «Ni doscientos denarios de pan bastarían para que cada uno de ellos recibiera un poco.» 8 Andrés, que era hermano de Simón Pedro y uno de sus discípulos, le dijo: 9 «Aquí está un niño, que tiene cinco panes de cebada y dos pescados pequeños; pero ¿qué es esto para tanta gente?» 10 Entonces Jesús dijo: «Hagan que la gente se recueste.» Había mucha hierba en aquel lugar, y se recostaron como cinco mil hombres. 11 Jesús tomó aquellos panes, y luego de dar gracias los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados. Esto mismo hizo con los pescados, y les dio cuanto querían. 12 Cuando quedaron saciados, les dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.» 13 Entonces ellos los recogieron, y con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada a los que habían comido, llenaron doce cestas. 14 Al ver aquellos hombres la señal que Jesús había hecho, dijeron: «Verdaderamente, éste es el profeta que había de venir al mundo.»

15 Cuando Jesús se dio cuenta de que iban a venir para apoderarse de él y hacerlo rey, volvió a retirarse al monte él solo.

Jugarse por Cristo

Como la fama de Jesús había llegado a ser muy notoria, el rey Herodes supo acerca de él y dijo: «¡Juan el Bautista ha resucitado de los muertos! ¡Por eso operan en él estos poderes!» 15 Algunos decían: «Es Elías.» Pero otros más afirmaban: «Es un profeta, o alguno de ellos.» 16 Cuando Herodes oyó esto, dijo: «Éste es Juan, al que yo mandé que le cortaran la cabeza. ¡Ahora ha resucitado de los muertos!» 17 Y es que por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, que Herodes había tomado por mujer, Herodes mismo había mandado que aprehendieran a Juan y lo encadenaran en la cárcel. 18 Juan le había dicho a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.» 19 Por eso Herodías le guardaba rencor, y deseaba matarlo; pero no podía 20 porque Herodes temía a Juan, pues sabía que era un hombre justo y santo. Y aunque lo que Juan le decía lo dejaba confundido, lo escuchaba de buena gana y lo protegía. 21 Pero llegó la oportunidad. En la fiesta de su cumpleaños, Herodes ofreció una cena a sus príncipes y tribunos, y a la gente importante de Galilea. 22 Entonces la hija de Herodías se presentó en la fiesta y bailó, y tanto agradó esto a Herodes y a los que estaban con él a la mesa, que el rey le dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.» 23 Y bajo juramento le dijo: «Yo te daré todo lo que me pidas, ¡aun si me pides la mitad de mi reino!» 24 Ella salió y le preguntó a su madre: «¿Qué debo pedirle?» Y su madre le respondió: «¡Pídele la cabeza de Juan el Bautista!» 25 Enseguida ella entró corriendo y le dijo al rey: «Quiero que me des ahora mismo, en un plato, la cabeza de Juan el Bautista.» 26 Esto entristeció mucho al rey, pero por causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desairarla. 27 Enseguida, el rey ordenó a un soldado de la guardia que le trajeran la cabeza de Juan. 28 El soldado fue a la cárcel y lo decapitó, y llevó su cabeza en un plato, se la entregó a la muchacha, y ésta se la entregó a su madre. 29 Cuando los discípulos de Juan supieron esto, fueron a reclamar el cuerpo para darle sepultura. Marcos 6:14-29 (RVC)

En nuestra sociedad actual en las últimas décadas parece que, en muchos aspectos y esto también llega a permear las iglesias estamos viviendo como se describe en el cuento de Hans Christian Andersen (1837), “El traje nuevo del emperador” en una cultura del engaño. Donde queremos ver lo que no es en realidad. Y el querer llamar la atención sobre esto se transforma muchas veces en una amenaza para los que viven en este espejismo. La honestidad que también debe caracterizar a los cristianos puede llegar a ser hiriente como lo fue en el caso del compromiso extremo de Juan el bautista quien vivió una vida jugándose por la Palabra de Dios.
En Juan el Bautista podemos ver la valentía de hablar la verdad de Dios y con honestidad. Hoy en día en una sociedad que aparenta querer respetar a todos y no herir a nadie se llega al extremo de decir que la Palabra de Dios (de la Biblia) en algunos casos puede ser ofensiva y en muchos lugares más que nada en nuestra sociedad occidental y “cristiana” es censurada y hasta reprimida. Esta nueva visión que hasta llega a muchas iglesias, predica que lo más importante es amar y no juzgar a los demás. Juan el Bautista amaba a Dios y a la gente con fidelidad y entrega, pero eso no le impidió decir la verdad y las cosas con honestidad. La Palabra de Dios puede llegar a herir en primer lugar a aquellos que no viven una vida en Cristo, pero también puede edificar y fortalecer espiritualmente a los que con sinceridad quieren obedecer a Dios. “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4:12)
Nuestra tarea es amar a los demás, la tarea de Dios es juzgar y la del Espíritu Santo la de convencer de pecado. No obstante, somos llamados a vivir en la tensión de tener que hablar las cosas como son y por sobre todo a ser fieles a la Palabra de Dios (La Biblia).

Jesús nos transmite su fe


De allí, Jesús se fue a su tierra, y sus discípulos lo siguieron. Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga. Al escuchar a Jesús, muchos se preguntaban admirados: «¿De dónde sabe éste todo esto? ¿Qué clase de sabiduría ha recibido? ¿Cómo es que con sus manos puede hacer estos milagros? ¿Acaso no es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿Acaso no están sus hermanas aquí, entre nosotros?» Y les resultaba muy difícil entenderlo. Pero Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra, excepto en su propia tierra, entre sus parientes, y en su familia.» 5 Y Jesús no pudo realizar allí ningún milagro, a no ser sanar a unos pocos enfermos y poner sobre ellos las manos; y aunque se quedó asombrado de la incredulidad de ellos, siguió recorriendo las aldeas de alrededor para seguir enseñando.

Jesús llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos. Les dio autoridad sobre los espíritus impuros, y les mandó que no llevaran nada para el camino. Aparte de un bastón, no debían llevar mochila, ni pan, ni dinero en el cinto. También podían llevar sandalias, pero no dos mudas de ropa. Les dijo: «Cuando ustedes lleguen a una casa, quédense allí hasta que salgan de ese lugar. Si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos.» [De cierto les digo que, en el día del juicio, el castigo para los de Sodoma y Gomorra será más tolerable que para aquella ciudad.] Los doce salieron e iban predicando a la gente que se arrepintiera. También expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
Marcos 6:1-13
Jesús hace grandes hazañas de poder y da a sus discípulos autoridad sobre los demonios. Sin embargo, nada de este poder es unilateral; todo debe ser recibido por fe. Jesús pide a sus discípulos que salgan sin dinero ni suministros, para que dependan de cómo los reciban los demás. Cuando se nos envía desde la iglesia para testificar y sanar, se nos pide que seamos vulnerables, que dependamos del recibimiento de los demás. El Espíritu siempre opera en el “entre”: entre Jesús y su padre, entre Jesús y nosotros, entre tú y yo, entre nosotros y aquellos a quienes somos enviados.

¿Fe o religión?

Este es el tiempo aceptable; ¡Este es el día de salvación! Ahora estamos en la tormenta, el barco casi se está hundiendo; pero Jesús está aquí y ahora, y cuando lo llamemos, calmará la tormenta. Incluso el viento y las olas lo escuchan como lo harían con su creador. También lo escuchamos y estamos llamados a creer en el poder de la palabra de Dios en él, un poder mayor que todo lo que tememos.

¿Cómo es que no tienen fe?

Ese mismo día, al caer la noche, Jesús les dijo a sus discípulos: «Pasemos al otro lado.» 36 Despidió a la multitud, y partieron con él en la barca donde estaba. También otras barcas lo acompañaron. 37 Pero se levantó una gran tempestad con vientos, y de tal manera las olas azotaban la barca, que ésta estaba por inundarse. 38 Jesús estaba en la popa, y dormía sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿Acaso no te importa que estamos por naufragar?» 39 Jesús se levantó y reprendió al viento, y dijo a las aguas: «¡Silencio! ¡A callar!» Y el viento se calmó, y todo quedó en completa calma. 40 A sus discípulos les dijo: «¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?» 41 Ellos estaban muy asustados, y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y las aguas lo obedecen?»
Marcos 4:35-41

Hoy es una buena oportunidad para hablar sobre dos palabras religión y fe. Cuando usamos estos dos términos, en primer lugar, religión, quiero referirme a aquella definición cual el diccionario como: ‘profesión y observancia de una doctrina religiosa’ a diferencia de fe como: ‘seguridad, confianza, aseveración de que algo es cierto’.
El mensaje de Cristo para el día de hoy habla sobre la fe de los discípulos en una situación concreta y extrema. Ante el miedo a morir, ante el miedo frente a las fuerzas de la naturaleza, lógicos e irreparables, ante la desesperación e impotencia humana, allí El les regaña e incluso se indigna de su falta de fe. Es como si dijera: pero ¿dónde está toda esa religión o creencia que ustedes dicen profesar? ¿En qué se convierte esa creencia sin la fe? Seguramente en como dije, tan sólo una mera profesión y observancia de una doctrina religiosa. Pero eso no es fe.
En el momento que nuestras congregaciones dejan de tener la fe en Cristo como la que en aquel momento escaseaba en los discípulos, nuestras comunidades se tornan en tan sólo denominaciones o instituciones que pueden bien asemejarse a instituciones seculares, como asociaciones, fundaciones, clubes, etc. Cuando perdemos la dimensión espiritual de la fe, empezamos sin darnos cuenta hasta mimetizarnos con estas asociaciones seculares que no representan a la iglesia y comenzamos incluso a actuar sólo bajo parámetros humanos. Hay hasta iglesias que se comportan y programan sus actividades tal como lo haría cualquier empresa o asociación secular sin contener la parte espiritual o por lo menos donde la parte espiritual es mínima o casi inexistente, como la fe que demostraron los discípulos en el momento de riesgo.
Este mensaje de Jesús no es sólo una muestra de la gran sabiduría del maestro ante sus discípulos, sino también es una exhortación individual hacia cada uno de nosotros y también hacia cada una de nuestras comunidades. Decimos que tenemos fe, o que pertenecemos a una religión, pero nuestra vida personal, ¿refleja nuestra confianza en Dios o vivimos permanentemente en miedo, estrés, sin la confianza que da vivir en la paz de Dios? ¿Nos asemejamos más como iglesias a instituciones seculares que se rigen sólo por las cosas humanas, o la dimensión de fe y confianza en Cristo es lo más importante y primordial a la hora de actuar y de tomar decisiones como consejos de iglesias? Es triste ver como las decisiones en las iglesias hoy en día se toman más a partir de criterios humanos que permeadas por la fe. Es triste ver como la concepción del amor y de la fe (ya como una religión) que se predica en las iglesias obedece más a una concepción mundana del amor y la fe que, la concepción del amor y la fe que se desprende de la Palabra de Dios que confiamos es la autoridad para nuestras vidas.

Dios da su Espíritu a quienes le obedecen

Domingo de Pentecostés

Había una vez un incrédulo, muy inteligente por cierto que, quería tener todas las explicaciones acerca de la posible existencia de Dios. Y le hacía preguntas a un pastor: ¿Dónde está Dios, ante la miseria, ante el hambre del mundo, ante los niños masacrados mutilados y utilizados para la prostitución o el trabajo infantil? ¿Por qué existe el sufrimiento, por qué existen las enfermedades, las guerras? Me puede explicar dónde está Dios delante de todo esto. Y así seguía haciendo una pregunta tras otra. Este pastor, le dijo, -Bueno déjeme explicarle. El hombre le dijo: -No, usted no puede explicar nada, porque no tiene las respuestas, porque Dios no existe, Dios es un invento a Dios nadie lo ve. -Yo le puedo explicar, pero primero le quiero hacer una pregunta. -No, no quiero ninguna pregunta, responda a mi pregunta. -Pero déjeme hacerle sólo una pregunta, ¿me permite? -Bueno, está bien, sólo una pregunta. – ¿Si yo le respondo con claridad y para su conformidad a sus demandas sobre la existencia de Dios ahora mismo, y usted quedaría satisfecho con las respuestas, usted consideraría creer en Dios y hacerse cristiano? ¿Y qué le contestó el hombre? – ¡No, para nada!
¡Bueno, —respondió el pastor—, vamos mejor a tomar un café, y no perdamos nuestro tiempo!

La condición para tener, la compañía, la protección y el amor de Dios que en síntesis para nosotros es que Dios decida habitar entre nosotros, es que obedezcamos su palabra. Si decimos que amamos a Dios, entonces debemos demostrárselo obedeciendo su Palabra, que está puesta por escrito en el libro que llamamos la Biblia. Sin obediencia a Dios el Espíritu se contrista y por lo tanto la presencia se retira de las iglesias con las consecuencias que todos conocemos.

No puede haber mejores palabras de Jesús para este día del Evangelio de Juan:
«El que me ama, obedecerá mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y con él nos quedaremos a vivir. (Jn 14:23)

Una de las primeras cosas que hay que hacer para obedecer la Palabra de Dios es querer creer en ella. Eso se llama fe. Es demostrar que yo creo en Dios y quiero creer en Dios. ¿Por qué digo creo en Dios y también digo ‘quiero’ creer en Dios?
La fe es un don de Dios, es decir un regalo. Si podemos creer, ya tenemos que dar gracias a Dios porque eso sucede por medio del Espíritu Santo de Dios. Para la mayoría de nosotros que hoy estamos en la iglesia, por lo visto no es un problema decir yo creo en Dios, aunque nuestra fe no sea quizás tan grande. ¿Pero saben ustedes cuántas personas hay allá afuera que no creen? ¿Saben ustedes cuántas personas hay que no tienen el más mínimo deseo de creer en Dios? Y quizás muchas de ellas mueran sin haber creído en Dios. Por ello nosotros tenemos que estar agradecidos. Tenemos que estar agradecidos que hemos sido educados en familias de fe que, mal o bien nos han acercado a la iglesia y nos han puesto ante nuestros ojos la posibilidad de creer en Jesucristo.

Leamos la historia del día de Pentecostés:
Hechos 2:1-21
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2 De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. 3 Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

5 Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. 6 Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. 7 Desconcertados y maravillados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? 9 Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; 11 judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!»

12 Desconcertados y perplejos, se preguntaban: «¿Qué quiere decir esto?» 13 Otros se burlaban y decían: «Lo que pasa es que están borrachos».

Pedro se dirige a la multitud
14 Entonces Pedro, con los once, se puso de pie y dijo a voz en cuello: «Compatriotas judíos y todos ustedes que están en Jerusalén, déjenme explicarles lo que sucede; presten atención a lo que les voy a decir. 15 Estos no están borrachos, como suponen ustedes. ¡Apenas son las nueve de la mañana![a] 16 En realidad lo que pasa es lo que anunció el profeta Joel:

17 »“Sucederá que en los últimos días —dice Dios—,
derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano.
Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán,
tendrán visiones los jóvenes
y sueños los ancianos.
18 En esos días derramaré mi Espíritu
aun sobre mis siervos y mis siervas,
y profetizarán.
19 Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios:
sangre, fuego y nubes de humo.
20 El sol se convertirá en tinieblas
y la luna en sangre
antes que llegue el día del Señor,
día grande y esplendoroso.
21 Y todo el que invoque el nombre del Señor
será salvo”. (NVI)

La fe viene por el Espíritu Santo y el Espíritu es otorgado por medio de la obediencia a la Palabra de Dios. La iglesia primitiva recibió el Espíritu no porque conocieran al dedillo las Escrituras sino porque tenían la decisión de obedecer a la Palabra. Queremos pedir en esta ocasión que recordamos la primera unción del Espíritu Santo sobre la iglesia cristiana como una excusa para pedir una y otra vez por el Espíritu Santo, que ese Espíritu nos de obediencia por nuestra entrega a Dios, que nos fortalezca la fe y que siga querer viviendo en las denominaciones que llamamos iglesias cristianas.

La fe además de ser una bendición de Dios, implica una gran responsabilidad. Implica que debemos mantener esa fe, pues de lo contrario esa fe se marchita, se extingue y desaparece. Y las consecuencias de la pérdida de la fe, no son sólo el alejamiento de Dios sino también el alejamiento de todas aquellas cosas buenas que ansiamos en la vida, en una palabra, la bendición de Dios y el peligro de que esa fe pueda llegar a extinguirse por completo con la pérdida de la salvación más allá de esta vida.

‘Sin fe es imposible agradar a Dios’, dice Hebreos 11, y lo reformulamos de modo positivo: Sólo con fe se puede agradar a Dios. De la única manera en que podemos poner contento a Dios, de la única manera en que podemos amar a Dios es por medio de nuestra fe en él. Fe que se impone y va más allá de toda circunstancia externa. Fe que confía, fe que lucha, fe que supera, fe que afirma que Dios existe y se revela ahora y aquí en mi vida por medio de su palabra, la Biblia.

Es nuestra oración que, Dios pueda habitar en nuestras iglesias, por medio de su Santo Espíritu. Pero la única condición para ello es amar a Dios, obedeciendo su palabra y cuidando de la vida de fe; es decir manteniendo esa fe por medio de nuestra comunión fiel con el mismo Dios. Que Dios pueda llenar nuestras vidas y su presencia esté en con nosotros. Amén.

Jesús ya oró por nosotros

Para este domingo, el Evangelio de Juan nos habla acerca de la larga oración que Jesús hace por sus seguidores la noche antes de su muerte, y siempre incluye el deseo de Jesús de que sus seguidores sean uno como él y el Padre son uno. Esta unidad no es un mero acuerdo doctrinal o unidad institucional, sino una vida mutua, un amor mutuo y un gozo que se entrelazan. Esta unidad es la obra del Espíritu que hemos recibido pero que también anhelamos. ¡Ven, espíritu santo!

Oración del día
Dios misericordioso y glorioso, nos has elegido como tuyos, y con el poderoso nombre de Cristo nos proteges del mal. Por tu Espíritu transfórmanos a nosotros y a tu amado mundo, para que podamos encontrar nuestro gozo en tu Hijo, Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, en un sólo Dios, ahora y por siempre.
Amén.

Evangelio Juan 17:6-19
»A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les he entregado las palabras que me diste, y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos. Todo lo que yo tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío; y por medio de ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti.

»Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.

»Ahora vuelvo a ti, pero digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, para que tengan mi alegría en plenitud. Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. (NVI)

Jesús quiere nuestra amistad

Una de las imágenes de este domingo que la vida del Cristo resucitado nos quiere mostrar es la imagen de la amistad. Somos llamados a servir a los demás así como Jesús vino a servir; aunque la ilustración del evangelio de Juan, la imagen de servidumbre, sea un poco jerárquica y quizás distante para captar la esencia de la vida en Cristo. La amistad no obstante, captura más el amor, la alegría, la profunda reciprocidad de la relación a la que Cristo nos invita. Los griegos creían que los verdaderos amigos estaban dispuestos a morir el uno por el otro. Este es el amor mutuo de la comunidad cristiana encomendado por Cristo y capacitado por el Espíritu.

La amistad de Cristo

Juan 15:9-17
»Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. 17 Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros. (NVI)

Oración del día
Oh Dios, tú has preparado para los que te aman alegrías más allá de la comprensión humana. Derrama en nuestros corazones ese amor por ti que, al amarte por sobre todas las cosas, podamos obtener tus promesas, que exceden todo lo que podemos desear; por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, siempre en un solo Dios, ahora y siempre.
Amén.

Ha resucitado / He’s risen

¡Cristo ha resucitado! Jesús está vivo y Dios ha vencido a la muerte para siempre. Con María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé, podemos sentirnos asombrados y confundidos, sin saber qué hacer con la tumba vacía. Pero por eso nos reunimos e invocamos: para proclamar, testimoniar, alabar y afirmar la realidad liberadora de la muerte y resurrección de Cristo. En palabra y celebración, festejamos el amor interminable de Dios y salimos para compartir esta buena noticia con todo el mundo. ¡Aleluya!

Lee: Mc 16:1-8
Oración:
Oh Dios, entregaste a tu único Hijo para que sufriera la muerte en la cruz por nuestra redención, y por su gloriosa resurrección nos libraste del poder de la muerte. Haznos morir cada día al pecado, para que podamos vivir con él para siempre en el gozo de la resurrección, a través de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre.
Amén.

Christ is risen! Jesus is alive, and God has swallowed up death forever. With Mary Magdalene, Mary the mother of James, and Salome, we may feel astonished and confused, unsure of what to make of the empty tomb. But this is why we gather: to proclaim, witness, praise, and affirm the liberating reality of Christ’s death and resurrection. In word and feast, we celebrate God’s unending love, and depart to share this good news with all the world. Alleluia!

Read: Mk 16:1-8

Prayer:
O God, you gave your only Son to suffer death on the cross for our redemption, and by his glorious resurrection you delivered us from the power of death. Make us die every day to sin, that we may live with him forever in the joy of the resurrection, through your Son, Jesus Christ our Lord, who lives and reigns with you and the Holy Spirit, one God, now and forever.
Amen.

Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos (Mc 11:1-11) es el inicio de la Semana Santa. La Semana Santa es el tiempo de recordación del sufrimiento y sacrificio de Cristo, el Hijo de Dios. Todos aquellos que decidan recibir su mensaje de salvación y creer en que Él es el redentor enviado al mundo recibirán la vida eterna (Jn 3:16). En eso radica que Dios es amor, en que nos da una oportunidad más para comenzar a vivir en comunión con él por medio de Jesucristo.
El culmen de la Semana Santa es, no obstante la victoria de su resurrección ocurrida en el domingo de Pascua. Cada domingo es una celebración de la resurrección de Jesús.
Jesús está vivo y reina. ¡Bendito quien vino en el nombre de Dios!