Invitados a una boda

Último Domingo del Año de la Iglesia
Estén atentos, porque ustedes no saben el día ni la hora en que el Hijo del Hombre vendrá. Mt 25:13 [Mt 25:1-13] (RVC)
Dios es Amor. Dios es la esencia de todo el amor que el mundo conoce y pueda concebir. Dios quiere lo mejor para los de su familia espiritual. No obstante ese amor que está disponible y al cual tenemos acceso libre y gratuito está sólo disponible durante un corto periodo de tiempo, ese tiempo consiste en nuestra vida aquí en la tierra. Desde el momento que recibimos la buena noticia de la invitación a creer en Jesús como el Hijo de Dios, y nuestro Salvador, debemos de decidir qué hacer con esa invitación gratuita aunque preciosa. Las vírgenes de la parábola no fueron precavidas ni valoraron la pronta venida del novio. Es algo así como que no valoraron la los honores de la boda. ¿Estás tú listo para esa ‘boda’, estás apreciando la invitación de amor de Dios, y te has decidido ya a creer en Él y aceptar comprometerte con Él?
Danos Señor la valentía de aceptar tu ofrecimiento de Amor. Ayúdanos a comprender en qué consiste en verdad tu amor. Ayúdanos a comprometernos sin dudarlo contigo, de modo de tener la seguridad de la salvación. Amén

We Are Invited to A Wedding

Last Sunday of the Church Year

Keep awake therefore, for you know neither the day nor the hour. Mt 25:13 NRSV [Mt 25:1-13]

God is Love. God is the essence of all love that the world knows and may even imagine. God wants the best for those of His spiritual family. That love that is available and to which we have free access is only available for a short period of time though, that time consists of our life here on earth. From the moment we receive the Good News of the invitation to believe in Jesus as the Son of God, and our Saviour, we must decide what to do with that free but prized invitation. The virgins in the parable were not cautious nor did they appreciate the soon coming of the bridegroom. It’s kind of like they didn’t value the wedding honours. Are you ready for that ‘wedding’, are you appreciating God’s invitation of love, and have you already decided to believe in Him and agree to commit yourself to Him?
Lord, give us the courage to accept your offer of Love. Help us to understand what your love really consists of. Help us to commit ourselves without hesitation to you, in order to have the assurance of salvation. Amen

La inminencia de un juicio

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo bueno o lo malo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo RVC
2 Corintios (2 Co) 5:1-10

Sabemos de la realidad de un juicio para todo el mundo al final de los tiempos. Y sabemos de qué manera podremos sortearlo: sólo por medio de nuestra entrega a Cristo. La mirada frente al juicio nos enseña que: Aunque seamos justificados (seamos hallados inocentes en ese estrado, por la fe en el Señor Jesucristo) tampoco es algo que nos debería dar igual cómo vivimos. Así como Pablo debemos esforzarnos, pues en el juicio seremos evaluados también por lo bueno que hicimos y no sólo por lo malo. Esto debiera ser un incentivo, para hacer todo lo bueno posible de modo de poder alegrar a nuestro Señor. Así se dice en el texto para hoy: “Por eso nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado…” y luego se conecta con la palabra: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.”
Hasta que estemos delante del tribunal de Cristo, podemos honrarle de la mejor manera posible, viviendo sólo para honrarlo a Él. Esto significa: no para salvarnos nosotros a mismos (igual no lo podríamos hacer, puesto que él ya lo hizo por nosotros), sino para agradecerle por su maravilloso acto de salvación. Amén.

Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos

Sermón para el día de Año Viejo (y Comienzo del Año

Hebreos 13:8-9
Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. No se dejen llevar por doctrinas diversas y extrañas. Es mejor afirmar el corazón con la gracia…

En cada fin de año o principio de año, estamos la mayoría de la gente, pensando en lo mismo: las metas para el año próximo. Lo que queremos cambiar del año que pasó, lo que queremos iniciar o proponernos para el año que viene. Y parecería que el 31 de diciembre o el 1ro de enero fueran fechas o números mágicos, donde lo que pensemos o decidamos se hará realidad y cambiará el curso de nuestras vidas, generalmente para mejor.
Hoy les quiero decir que no hay nada mágico en un día 31 o en un día 1ro de enero. Estos días no significan nada. Son tan similares al día de hoy 29 o a todos los días pasados de este año 2019.

Así que si hablamos de las famosas resoluciones de año nuevo: ¿es una buena o mala idea? Este es un tema sorprendentemente polémico para la gente, especialmente cerca de fin de año. Casi todos están familiarizados con ese deseo ardiente de comenzar el nuevo año “siendo quienes realmente quieren ser o consiguiendo lo que realmente quieren conseguir en la vida”.

Desafortunadamente, según las estadísticas, tales ideales no llegan más allá de de enero o febrero. De hecho, la fecha en la que es más probable a que renuncies a una resolución de fin de año será a más tardar el 12 de enero. Entonces, realmente, ¿deberíamos estar haciendo ese esfuerzo?

¿Deberíamos molestarnos en hacer resoluciones de año nuevo? Sí y no. La idea de hacer cambios masivos y abrumadores una vez al año ha demostrado ser ineficaz, por razones fisiológicas, para muchas personas, pero también es importante luchar por la superación personal.

Ahí es donde entra en juego por ejemplo el concepto japonés de Kaizen. Estuve leyendo mucho sobre este tema en los dos últimos años pasados. Tenía la idea de aprender inglés de forma rápida y por eso comencé a interesarme sobre esta filosofía de vida y de aprendizaje y con el tiempo me di cuenta que se puede aplicar a todos los aspectos de la vida. También me di cuenta que esta filosofía se puede aplicar a nuestra vida como cristianos. El método Kaizen o la palabra japonesa kaizen significa “cambiar para mejor”, con un significado inherente de “continuo” o “filosofía” en los diccionarios japoneses y en el uso diario. La palabra se refiere a cualquier mejora, única o continua, grande o pequeña, en el mismo sentido que la palabra inglesa “mejora”. Se trata de pequeñas mejoras continuas, pequeños pasos graduales. Este concepto, milenario, fue introducido con éxito masivo por primera vez en las empresas japonesas después de la Segunda Guerra Mundial y que le dieron a todas las empresas japonesas una fama y éxito mundial por su excelencia y calidad. Y esto como dije también se puede aplicar a las personas.

La idea básica es que hay que concentrarse en hacer un 1% distinto mejor cada día, en lugar de un cambio de 100% mejor durante unos días hasta que la persona se agota que vuelve a hacer un 0%. Si deseas comenzar a correr, por ejemplo unas pocas veces alrededor de la manzana es mejor que no hacer nada en absoluto. Y mientras sigas agregando 1%, tus tiempos mejorarán. Y tu capacidad cerebral comenzará a aceptar los cambios.

¿Saben cuál es la razón por la cual no podemos cambiar abruptamente? Porque tenemos años de hábitos diferentes y el cambiar esos hábitos significa que tenemos que cambiar la química de nuestro cerebro, así lo afirman los científicos. La corteza cerebral se negará a cambiar la química habitual y placentera de su propio cerebro y ordenará a todo el cuerpo a rebelarse. Y eso pasa con muchas cosas, dietas, metas, cambio de hábitos, etc. Entonces los científicos se dieron cuenta que la única manera de engañar el sentido de supervivencia del cerebro es paulatinamente, en pequeños pasos hasta trasformar la química misma del cerebro. Pues ante cualquier cambio el cerebro segrega sustancias químicas llámese cortisol, por ejemplo, que pone al cuerpo en guardia, en actitud de protección y tensión de incomodidad y malestar. Hay muchas personas que las cosas nuevas o los cambios le cuestan y no es porque no lo agrade es porque su estructura cerebral se niega a cambios por años intensos de hábitos arraigados. Es casi como pedirle a un drogadicto que deje la droga allí comezará un síndrome de abstinencia. Lo mismo pasa con el cerebro de cada uno de nosotros: estamos acostumbrados a la segregación de ciertos químicos familiares.

No deberíamos ser tan exigentes con las metas de fin de año pero sí en lo poco, en lo poquísimo, que haya un cambio una diferencia y ésta sea constante. Debemos ser muy concretos, si queremos por ejemplo aprender un idioma, aprender no más de 3 palabras por día, o una sola incluso. Al final de 3 meses serán 90 o 270, al final de un año 360 o más de 1000 las necesarias para un nivel básico de un nuevo idioma. En cambio si empezamos de golpe sólo hasta el 12 de enero aprenderemos no más de 200 y las olvidaremos por la falta de continuidad.
Las mejoras prácticas en la vida son geniales, pero el tipo de meta que establecemos dice mucho sobre quienes somos como personas. Aquellos que generalmente están contentos con la vida se esfuerzan más por los esfuerzos personales, o los llamados objetivos sagrados, mientras que aquellos que buscan ganancias de “poder” como ganar simplemente más dinero tienen una menor sensación de bienestar.

En última instancia, pensemos en quién queremos ser cuando establezcamos nuestras resoluciones. E ir despacio, ser paciente y celebrar cada pequeño éxito en el camino. La vida es un viaje, como dice el refrán, y no solo un destino.

Esta misma disciplina estamos invitados aplicar en nuestra vida de fe. Ustedes habrán escuchado que yo los invité a orar sólo un minuto por día cada vez que es mejor que nada en semanas. O les invité a leer 3 versículos de la Biblia por día desde hace más o menos 5 años. Si lo han seguido, hoy habrán leído ya un cuarto de la Biblia o casi todo el Nuevo Testamento. Aquellos más valientes que han leído un capítulo de la Biblia ya habrán leído la Biblia entera.
Aunque en la vida de la fe no se trata de cantidades sino de calidades, de seguro la mínima lectura diaria de la Biblia puede cambiar el estado químico de la corteza cerebral que hasta los mismos científicos quedarían asombrados pues el poder del Espíritu Santo tiene señorío por sobre todo lo material del universo.
En ese sentido ¿cuál es el mejor consejo para cambiar nuestra vida y nuestras situaciones para el año 2020, si es que queremos tomar resoluciones de fin de año? La epístola nos dice para el día de hoy: Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. No se dejen llevar por doctrinas diversas y extrañas. Es mejor afirmar el corazón con la gracia.

El poder de Cristo está presente y estará presente por los siglos de los siglos. Es el único poder que puede transformar milagrosamente las circunstancias a nuestro alrededor. ¿Es difícil acercarse a Cristo? ¿Es difícil vivir una vida más espiritual? ¿Es difícil confiar en Dios? ¿Es porque nunca antes quizás hemos llevado una vida de verdadera fe como a Cristo le gustaría? Propongámonos a la manera del Kaizen comenzar con lo mínimo, leyendo 3 versículos bíblicos de la Biblia. Orando a Dios aunque más no sea 1 minuto por día, por varios meses hasta que el poder del Espíritu Santo cambie toda nuestra química. Y nosotros cristianos sabemos también que el poder del Espíritu Santo no sólo cambiará nuestra química corporal sino que también inundará nuestro propio espíritu para que podamos tener una mejor comunión con Dios, éxito y bendiciones en todo lo que queramos emprender a partir del 1 de enero.

¿Tendremos éxito en el nuevo año? Sí, y no. Sí, si nos apoyamos en Dios. No, si sólo confiamos en nuestro propio esfuerzo, trabajo o la suerte. ¿Cómo apoyarse y confiar en Dios si nunca lo hemos hecho, o si no sabemos cómo hacerlo? Démosle a Dios la oportunidad de obrar por medio de su Espíritu Santo. Muchas personas quieren o claman por milagros pero no hacen lo mínimo necesario, o no saben cómo hacer para esos milagros se produzcan. Los japoneses lograron el milagro de su excelencia y productividad mundial por medio de pequeños pasos. Copiemos de la sabiduría humana y apliquémosla para las cosas de Dios. Quizás Dios nos bendiga doblemente. Pero para eso hagamos lo mínimo que nuestro ser puede hacer sin generar resistencias, como los científicos afirman. Empecemos a hacerlo en pequeños pasos, pero constantes, y no sólo así hasta el 12 de enero como las estadísticas afirman, sino durante para el año entero. Amen

Enzo Pellini

15 razones por las cuales tu pastor no tendría que visitar mucho

Leí la triste historia reciente de una iglesia que despidió a su pastor porque “no visitaba a los miembros lo suficiente”. Por supuesto, no conozco todos los detalles de la situación, pero no soy muy optimista sobre el futuro de esa iglesia.

“La visitación de los miembros” se convirtió en una parte de las demandas laborales hacia los pastores hace aproximadamente un siglo.

Es una mala señal.

Si bien no estoy abogando por que los pastores ‘nunca’ visiten a las personas, me preocupa que tales expectativas vayan más allá de aquellas de las necesidades serias y de casos de emergencia.

La verdad es que tu pastor no debería visitar mucho. Aquí hay 15 razones por las cuales no:

No es bíblico. Efesios 4:12 dice que los pastores deben entrenar a los santos o creyentes para que hagan el trabajo del ministerio. No dice que los pastores deben hacer “todo” el trabajo del ministerio.

Priva a los miembros de sus roles reales y oportunidades. La segunda parte de Efesios 4:12 claramente nos informa que el ministerio (o servicio) es para todos los que están en la iglesia. Cuando el pastor hace todo o la mayor parte del ministerio, los miembros se ven privados de una oportunidad dada por Dios.

Fomenta una mentalidad de club privado. “Pagamos el salario del pastor. El ministro trabaja para nosotros, que haga el trabajo y nos sirva”. O: “nosotros somos “la patronal”, o los empleadores. Los diezmos y las ofrendas se convierten en “cuotas” de los clubes contra un servicio prestado.

La iglesia se torna hacia adentro. Los miembros se preguntan qué hace el pastor por ellos, en lugar de preguntar cómo podemos servir a los demás a través de la iglesia.

Le quita la adecuada y responsable preparación al sermón y distintos mensajes semanales. Esos mismos miembros que se quejan de que un pastor no le dio suficiente tiempo al sermón son los mismos que esperan que el pastor los visite.
Quita del pastor el enfoque “hacia afuera”. Si los pastores pasan la mayor parte del tiempo o la mayoría de su tiempo visitando, ¿cómo se puede esperar que se inmiscuyan en la comunidad toda y compartan el evangelio?

Le quita el liderazgo vital al pastor. ¿Cómo podemos esperar que los pastores guíen y enseñen si no les damos tiempo para guiar y enseñar pues se la pasan visitando?

Fomenta comparaciones poco saludables entre los miembros. “El pastor visitó a los Schmidt dos veces este mes, pero sólo me visitó una vez a mí”.

Nunca es suficiente. Cuando las iglesias esperan que sus pastores hagan la mayoría de las visitas, tienen una mentalidad de “patronal”. Tal mentalidad nunca podrá ser satisfecha.

Lleva al agotamiento pastoral. Es imposible para los pastores mantener el ritmo que se espera de todos los miembros juntos, especialmente en el área de visitas.

Conduce a un alto índice de cambio de puestos pastorales. El agotamiento conduce a la rotación pastoral. Los pastorados a corto plazo no son saludables para las iglesias.

Pone un freno al crecimiento a través de la Gran Comisión de la iglesia. Una de las grandes barreras al crecimiento de las iglesias es la expectativa de que una persona deba asumir la mayor parte del ministerio, especialmente las visitas. Tal dependencia de una persona conduce a un límite del crecimiento.

Lleva a los pastores a obtener su afirmación de la fuente equivocada. Se convierten en “agrada miembros” en vez de agradar a Dios.

Provoca que los miembros con una fe realmente “bíblica” se vayan de la iglesia. Muchos de los mejores miembros de la iglesia se irán porque saben que la iglesia no debería operar de esta manera. La iglesia se vuelve más débil.

Es una señal de que la iglesia está muriendo. Los dos comentarios más comunes de una iglesia moribunda son: “Nunca lo hicimos de esa manera antes” y “¿Por qué el pastor no me visitó?”
La mentalidad dominante en muchas iglesias es que el pastor es el principal visitador de la iglesia.

Es un signo clave de enfermedad. Es un claro paso hacia la muerte espiritual de la congregación.

Trad. De Thom Rainer

Dios en tres personas

“Por lo demás, hermanos, regocíjense, perfecciónense, consuélense; sean de un mismo sentir, y vivan en paz. Y el Dios de la paz y del amor estará con ustedes. Salúdense unos a otros con un beso santo. Todos los santos les mandan saludos. Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes. Amén.”
2 Corintios 13:11-14

“Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con gratitud
el recuerdo precioso
de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti
y te ayude a llevar la alegría
a los corazones de cuantos amas.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
que los ojos de Dios te miren,
que los oídos de Dios te oigan,
que la Palabra de Dios te hable,
que la mano de Dios te proteja,
y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
otro te tenga, y nos tenga a todos,
en la palma de su mano”.

-De Irlanda-

Cuando el apóstol Pablo escribía una carta no lo hacía personalmente, sino que tenía escribientes a quienes les dictaba. Aunque este último párrafo lo escribe él mismo. Antiguamente era muy común escribir un último párrafo que, era considerado como la firma misma de la persona.
Pablo les saluda de esta manera en esta su segunda carta a la comunidad de los corintios con maravillosas palabras de bendición en el nombre del Dios trinitario: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”.

¿Qué es esto en realidad? ¿Es esto una bendición? Todo depende de en qué contexto utilicemos esta palabra: ¿Hablamos de una bendición de Dios o de la bendición de una persona, o de un deseo de bendiciones? Si hablamos de que es Dios el que bendice, entonces entendemos que Dios tiene algo bueno para obsequiar. Muchas veces hablamos de bendiciones monetarias o de bendiciones en la cosecha o bendiciones de hijos. Hablamos mucho de las bendiciones materiales de Dios. Cuando la gente bendice en nombre y por encargo de Dios, están prometiendo, deseando un regalo divino. Es algo así como que, una persona se convierte en mensajero de Dios que hace entrega de las bendiciones divinas. El destinatario puede abrir el paquete ahí mismo o más tarde. Un mero deseo de bendiciones es por el contrario, el simple deseo de que Dios te obsequie lo mejor. Allí no hay ninguna orden divina previa, o encargo de parte de Dios. Tales deseos de bendición lo escribimos por ejemplo en las cartas de salutación, por cumpleaños o aniversario o distintas celebraciones. Hay una bendición irlandesa muy conocida y apreciada que enumera los deseos humanos de que Dios pueda bendecir, un ejemplo: “Que siempre tengas palabras cálidas en un frío anochecer”. Pero estas son solo hermosos deseos humanos.

La palabra de bendición de Pablo al final de la segunda epístola a los corintios no es ningún deseo de bendición como las palabras de la bendición irlandesa, sino que es una bendición del segundo tipo, es decir el cumplimiento autorizado de un regalo de parte de Dios. Pablo había escrito la carta a través del poder del Espíritu Santo, y nos da testimonio que es Dios mismo el que quiere regalar lo que ahí se promete. Esta epístola como toda la Biblia es inspirada por el Espíritu Santo, y esa es una diferencia con cualquier libro sólo humano. Esta bendición de parte de Dios tiene además tres partes, es la bendición del Nuevo Testamento, la sucesora de la bendición aaronítica que, contiene las tres partes también, Dios a través de Moisés y Aarón en representación de todos los sacerdotes del antiguo pacto y con la que finaliza cada uno de nuestros cultos dominicales: “¡El Señor te bendiga y te guarde! Haga el Señor resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia! Vuelva el Señor su rostro a ti y te conceda la Paz”! Vemos que, ya también en el Antiguo Testamento se escucha la bendición de Dios en tres personas: la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En Pablo esto se da de forma bien expresa: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”.

Cuando les estoy pronunciando y explicando esta bendición a ustedes, en esta predicación yo me transformo en una especie de mensajero de Dios, de los regalos que, Dios tiene para hacerles a ustedes. Aquí no se trata sólo de las dádivas de las bendiciones terrenales, como bendiciones de dinero o bendiciones de una buena cosecha o bendiciones de una fructífera descendencia, sino que aquí se trata de la dádiva más grandiosa del Dios trinitario, es decir se trata de nuestra salvación eterna. Detengámonos a reflexionar acerca de este regalo que nos ofrece Dios; profundicemos en la dádiva de Dios que se nos está prometiendo aquí.

Aquel que da la dádiva es el Dios que, se manifiesta en tres personas en la Biblia. Se lo nombra de tres formas en la Biblia: El Hijo de Dios Jesucristo, Dios el Padre y el Espíritu Santo. Puesto que ellos no son separables sino que juntos conforman un solo Dios, se los compara a menudo con los ángulos de un triángulo: pero sólo tendremos un triángulo cuando tengamos los tres ángulos; si uno de los ángulos falta, entonces ya no se tratará más de un triángulo.
Aunque también en un triángulo, dará lo mismo en qué orden se mencionen los ángulos. Quizás hasta llame la atención que, Pablo en las palabras de su bendición no nombre en primer lugar al Padre, sino al Hijo. Esto tiene que ver con las bendiciones del Dios en tres personas que se ordena según cada persona divina en particular y con una forma cronológica de ordenarse. La gracia del Señor Jesucristo es su obra de gracia, su obrar salvífico en el pasado. La gracia tiene lugar cuando se le perdona el castigo merecido a un condenado. La gracia es el regalo del Hijo de Dios Jesucristo que, consiguió en la cruz para nosotros. Allí llevó en su persona todos nuestros pecados y nuestro castigo. Él lo hizo, porque el Padre en los cielos lo envió para tal fin; sólo por amor a nosotros. Así nos encontramos con el segundo regalo, el regalo de Dios el Padre. El se manifiesta con su amor en nuestro mundo, él es eterno. El tercer regalo, es la dádiva del Espíritu Santo que, está teniendo lugar en nuestro mundo y nuestro tiempo: es la “comunión” así ha traducido Lutero. También podríamos traducirlo como “reconciliación” o “un tomar parte”. Aquí no se trata de que simplemente como cristianos o como gente en general nos soportemos mutuamente. En todo caso no se trata aquí de esto en primer lugar. Más que nada, se trata de nuestra comunión con Dios. Se trata de nuestra reconciliación con Dios, esa que ya Jesucristo pudo conseguir por medio de aquel regalo que ofreció. Se trata de que nosotros tengamos parte en la obra de redención de Cristo en la cruz. La “comunión del Espíritu Santo” quiere decir por tanto: El Espíritu Santo logra que el evangelio nos limpie ahora y aquí de nuestros pecados y nos reconcilie con Dios; él posibilita que, el amor eterno de Dios nos encuentre ahora y aquí.

¿Y cómo sucede esto? Sucede cuando escuchamos la palabra de Dios, la palabra del perdón, la palabra de la promesa de la vida eterna. Cuando se predica el Evangelio aquí en la iglesia entonces el Espíritu Santo está obrando y obsequia comunión con Dios. Y esto también tiene lugar en los sacramentos: El bautismo de fe incorpora al cuerpo de Cristo, la iglesia. La Santa Cena es la comunión del cuerpo y la sangre del Señor bajo las formas del pan y del vino. La Santa Cena nos une en primer lugar con nuestro Señor y en segundo lugar nos une unos con otros hermanos y hermanas de forma que todos nos situemos al mismo nivel de poder recibir comunitariamente el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo por medio de esa comida santa. Cuando confiesas tus pecados, te acercas a ese poder prometido del Espíritu Santo, aquel que Jesús sólo por gracia consiguió para ti en la cruz: “Tus pecados te son perdonados”. ¡Claro! Y en estas palabras de bendición sucede que el paquete que te envía Dios de regalo es el envío de un obsequio redentor hecho en el nombre del Dios en tres personas.

Es por eso que, cada domingo celebramos un culto a Dios. Y por eso es que, la Palabra y el sacramento son los símbolos de la iglesia, puesto que por medio de ellos se puede reconocer que, Dios nos ama y que Jesús nos ha salvado. Ese es el fundamento para una buena vida, para una vida eterna. Esto no quiere decir que, vamos a despreciar los buenos deseos expresados por la gente, como por ejemplo en la bendición irlandesa o incluso las oraciones pidiendo por bendición de Dios para nuestra vida, pues también las necesitamos. Pero sabemos que estos siempre serán cosas temporales y que Dios en cualquier momento puede disponer de nuestras vidas también. La bendición de los dones del Dios trinitario que Pablo escribió y hoy yo lo repito en el nombre de Dios, vale sin embargo para todos los tiempos y para toda la gente que, cree en Jesucristo: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”. Amén

¿Hay que privarse de alguna comida para agradar a Dios?

Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación.  Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.  El tentador se le acercó y le propuso:
—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.
Jesús le respondió:
—Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:
—Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:
»“Ordenará que sus ángeles
te sostengan en sus manos,
para que no tropieces con piedra alguna”».
—También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —le contestó Jesús.
De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.
—Todo esto te daré si te postras y me adoras.
—¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.

Mateo 4:1-11 (NVI)

Podríamos predicar varios mensajes sobre este texto, pues hay tantas cosas que esta lectura  tiene para decirnos. Allí se encuentra en el medio de la escena el Hijo de Dios, siendo tentado en muchas cosas como nosotros, pero sin pecado (Heb 4:15). Por ser también un ser humano fue tentado y humillado por el diablo. Y su obra de salvación también consiste en parte en resistir al diablo y hacer justicia en nuestro lugar. También aprendemos mucho sobre la estrategia del diablo: él aprovecha las necesidades del cuerpo como el comer y el beber (nuestras necesidades materiales) . Él es bien hipócrita utiliza palabras de la Biblia como la palabra de los ángeles protectores, pero retuerce su verdadero significado. Él ofrece poder y riqueza y miente en esto, porque en última instancia, todo le pertenece a Dios; pero también oculta y no dice cuál sería el precio de ponerse al servicio de él: nos costaría la salvación del alma por la eternidad. Incluso esta lectura del Evangelio puede enseñarnos algo sobre el ayuno, a partir del ejemplo de nuestro Señor Jesucristo.

Como ahora estamos en el tiempo de la cuaresma, recordado por muchas iglesia cristianas, echemos un vistazo más de cerca al tema del ayuno. ¿Qué significa ayunar? Externamente, todos sabemos que es abstenerse de comer y a veces de beber, al menos parcialmente, o de alimentos especiales como la carne. Pero ¿por qué se ayuna, cuál es el motivo? Puede haber razones muy diferentes. Queremos comparar ahora con el ayuno de nuestro Señor Jesucristo.

En primer lugar, durante la Edad Media, antes de la Reforma, se ayunaba porque era la ley de la iglesia. Cualquier persona que consumiera carne o manteca durante los cuarenta días de Cuaresma antes de la Pascua era considerado un pecado. Martín Lutero y los reformadores condenaron esto como una carga injustificada para la conciencia. En última instancia, es una ofuscación del evangelio lo que se hace cuando se imponen mandamientos elaborados por personas y se hace que la salvación dependa de su cumplimiento. De tal mala postura también surgió el carnaval: la gente quería festejar comer y beber desaforadamente antes de esa Cuaresma forzada. El ayuno de nuestro Señor Jesucristo no tiene nada que ver con esos ayunos impuestos.

En segundo lugar, muchas personas también ayunaban voluntariamente en la Edad Media porque sentían que le estaban haciendo un favor a Dios; esta mentalidad todavía surge de vez en cuando. Sí, más que eso, se pensaba que se le hacía un favor a Dios, incluso si además se sentía dolor, dañándose el cuerpo o poniéndose en peligro. Hubo alrededor del año 1000 las llamadas peregrinaciones flagelantes; Había gente que se auto flagelaba, con un látigo, porque pensaban que eso agradaría a Dios. Sin embargo, esto es en verdad algo profundamente pagano cuando alguien quiere servir a Dios a través del ayuno y la auto-tortura; Jesús mismo rechazó esto como una tentación diabólica. Cuando Satanás lo probó y le dijo que bajara del templo, Jesús respondió con la escritura: “No pondrás a prueba al Señor tu Dios”. ¿Por qué debería ser tan imprudente? ¡Había una cómoda escalera que bajaba del pináculo del templo! Entonces, tampoco debemos poner nuestros cuerpos en peligro indebidamente o debilitarlos innecesariamente con el ayuno, sino que debemos dar nuestros cuerpos sanos y prestos como sacrificios vivos para que podamos hacer la voluntad de Dios con ellos, ¡lo que Dios verdaderamente ha ordenado! Por supuesto, no debemos hacerlo para ganar el favor de Dios, sino en gratitud por habernos dado su beneplácito a través de Jesús sin mérito alguno de nuestra parte.

En tercer lugar, hay un ayuno que sirve para satisfacer a los hambrientos o necesitados. He oído hablar de algunas familias que hacen un ayuno una vez a la semana y destinan una séptima parte del dinero de la familia para los hambrientos. Queridos hermanos y hermanas, ¡es muy importante que en nuestra abundancia no olvidemos al hambriento! Sin embargo, estoy seguro de que si vivimos con moderación podemos dar mucho a los pobres del mundo sin la necesidad de ayunar; Dios nos da más que suficiente.

En cuarto lugar, también puedes ayunar para aprovecharse del ayuno mismo. Esto es incluso muy popular hoy en día. Las dietas para adelgazar por medio del ayuno, o si renuncio a ciertas cosas no muy beneficiosas o restringimos su uso: como el alcohol, la nicotina, la cafeína, etc. Tal ayuno es ciertamente algo externo, mundano; Esto no tiene nada que ver con la fe en Cristo. Existe una campaña en el marco de algunas iglesias en Alemania durante la cuaresma que se llama “Siete semanas sin”, donde se aconseja a los cristianos que renuncien voluntariamente a su tiempo libre sus hobbies o distintas cosas que se hayan convertido en un hábito: chocolates, cosas dulces, alcohol, cigarrillos, televisión, etc. En la publicidad de esta acción siempre se expresa que de esa manera se puede hacer algo bueno durante las 7 semanas de cuaresma. Eso también es bueno, y los cristianos sabemos que nuestro cuerpo es un templo del Espíritu Santo y debemos tratarlo con cuidado. Sin embargo, en estos tiempos donde hay tanta conciencia sobre el mantenerse delgado y la salud corporal, sería mejor que la gente se ocupara más de su alma que de su cuerpo, al menos la mitad del empeño que ponen para cuidar sus cuerpos. Sería mejor que al menos estuvieran tan ansiosos por leer la palabra de Dios y por el sacramento del altar como por las fórmulas para adelgazar y todos los remedios y alternativas naturales para mejorar la salud; entonces muchos ya sólo por eso podrían curarse simplemente y  se sentirían mejor.

En quinto lugar, el ayuno también se usa para presionar a otras personas y obligarlas o inducirlas a que hagan algo; eso sucede por ejemplo durante una huelga de hambre. Creo que eso es completamente incorrecto.

En sexto lugar, el ayuno puede sí servir para enfocarse en la Palabra de Dios y en la oración. Esto es algo que también lo hallamos en la Biblia: De esa manera durante un tiempo, se elimina la distracción del cuidado del cuerpo, y se puede resaltar la vida espiritual y puede haber una profundización de las cosas espirituales. A este respecto, podemos mencionar el ayuno como una preparación para la Santa Cena, que Martín Lutero lo vio como una “fina disciplina externa” en el Catecismo Menor. La práctica de mantener durante el tiempo de Cuaresma momentos de tranquilidad y renunciar a los placeres bulliciosos también es parte de esto. Este ayuno tiene más que ver con el ayuno de nuestro Señor Jesucristo: podemos imaginar que en los cuarenta días posteriores a su bautismo, él se estaba preparando para su ministerio venidero en conversación con su Padre Celestial. Del mismo modo, durante los cuarenta días Moisés ayunó en el Monte Sinaí.

Y sin embargo, el ayuno de Jesús tiene aún otra dimensión.

En séptimo lugar, se encuentra el verdadero ayuno impuesto por Dios. Jesús no abandonó la comida ni su humanidad por propia voluntad, sino que el Espíritu Santo lo condujo al desierto, dice el evangelio. Sí, ese es realmente el ayuno más correcto y delicioso: el ayuno que es ordenado por Dios. Porque ahí es donde aprendemos a confiar en nuestro Padre Celestial. El diablo intentó que Jesús hiciera pan con las piedras porque no había nada comestible en el desierto. Jesús se resistió a él y le contestó: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús sabía que la palabra y la voluntad de su Padre Celestial en última instancia era lo que importaban; cuando llegue el momento adecuado se ayunará y se sufrirá, y así también concluirá en el momento adecuado, de eso no tengo que preocuparme. Y el Padre le dio a su hijo lo mejor, su palabra, pero también su pan. Al final de los cuarenta días, los ángeles vinieron y sirvieron a Jesús, y probablemente podamos asumir con Martín Lutero que le trajeron comida y bebida. De manera similar, Dios proveyó su mensajero a Elías en el desierto. Así también en el desierto le había provisto a todo su pueblo Israel con maná del cielo y agua de la roca. Por supuesto, el Padre luego le pidió a su hijo la cruz, pero después de la muerte lo llevó de vuelta le dio lo que el diablo pretendía darle: el gobierno real sobre el mundo entero. Sí, ese es el mejor ayuno: el ayuno ordenado por Dios, para poder ver luego como cuán maravillosamente Dios alinea y guía todo.

El ayuno que queremos practicar durante esta cuaresma debería ser un ‘ayuno o sacrificio no corporal’ mas bien un fortalecimiento espiritual. Si Dios quiere conducirnos a un ayuno corporal así será, cada uno de nosotros lo podrá sentir si es así. Pero hay un ayuno que sí podríamos practicar en este tiempo. Podemos ayunar, en el tiempo que dedicamos a otras cosas más superfluas, y dar de nuestro tiempo para comenzar a leer la Biblia todos los días, un capitulo del Antiguo Testamento y un capitulo de Nuevo Testamento. Comencemos en este tiempo tradicional de cuaresma a retomar el hábito de leer la Palabra de Dios, para así permitir que Dios nos hable por medio de su Palabra y llegar a estar protegidos por medio de ésta. Retomemos otra vez el hábito de orar a diario e interceder por los demás. Si logramos ese tipo de ayuno durante esta cuaresma y logramos volver a tener una vida y conducta espiritual, la que todo creyente debe tener, vamos a sentir que estamos haciendo el verdadero ayuno que Dios pide y nuestras vidas se verán transformadas milagrosamente.

De esa manera cuando el diablo aceche, ya no tendrá más poder sobre nosotros, ni ningún tipo de influencia, pues estaremos protegidos por la armadura espiritual que Dios nos pide en Efesios 6 y que también he escrito en la reflexión para nuestro boletín. Queremos ver realmente cambios en nuestras vidas, en nuestra iglesia en nuestra comunidad, quizás ese es el ayuno que Dios nos está pidiendo en esta cuaresma. Esa es una buena manera de creer lo que afirmamos cuando decimos “Renuncio al diablo y a toda su obra y naturaleza, y me entrego a ti, Dios trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para serte fiel y obediente hasta el final, Amén”.

Les deseo el Bien

Año Viejo

Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras”.

Sal 73:28

Le deseo a cada uno de ustedes para este nuevo año que comienza mucha suerte y felicidad. Si yo sería judío les saludaría con las palabras “Mazel Tov”. Así se saluda en yiddish. La palabra “Tov” viene del hebreo, el idioma del Antiguo Testamento, significa “felicidad”, o simplemente “el bien”. La palabra para hoy del salmo 73: “Para mí el bien es estar cerca de Dios” se podría traducir como: “Estar cerca de Dios es bueno para mí”. Martin Lutero lo tradujo originalmente: “Mi alegría es poder mantenerme junto a Dios”. Independientemente de que palabra utilicemos para el nuevo año les deseo: alegría, bien, “suerte” y también felicidad.

¿Aunque qué es lo que en realidad les estoy deseando?, veamos lo que nos dice el presente salmo.

Se podría entender a este salmo de la siguiente manera: Cuando estoy cerca de Dios tengo felicidad. Cuando estoy cerca de Dios, me va bien. Cuando estoy cerca de Dios, por lo general me salen las cosas que me he propuesto. Tal felicidad comprende salud o una vida feliz con las personas o suficiente dinero para pagar todas las cosas necesarias y también un poquito más. Todas estas cosas corresponden a las que usualmente le pedimos a Dios cuando oramos.
Durante este año que pasó tuvimos el mundial de futbol y hemos podido ver a más de un jugador que miraba al cielo y se hacia la señal de la cruz. Con esto quizás esperaba que la “suerte” o incluso Dios, le permitiera que su equipo pudiera ganar el partido. Aunque uno podría preguntarse críticamente, si esas cosas se le pueden pedir a Dios. ¿Se debería pedir más allá de aquello que ya está incluido en el ‘pan nuestro de cada día’? Tampoco sabemos si tenemos que orar para ganar la lotería– aunque eso también estaría incluido en lo que es la felicidad.

También es cierto que, Dios en realidad nos envía mucho bien; Podemos confiar en que será lo mismo en el Año Nuevo 2019. Incluso si tenemos que luchar contra la adversidad, una enfermedad, o un problema económico o algo similar, todavía tendremos miles de razones para agradecerle, pues él estará de nuestro lado para sostenernos y poder salir airosos. Pero Dios no sólo concede felicidad a las personas que están cerca de él. Por lo general, también la permite a los que se mantienen alejados de él, de su ‘pan diario de cada día’. Jesús enseñó en el Sermón en el Monte acerca de nuestro Padre Celestial: “Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45). No es de ninguna manera el caso de que él solo provee a los creyentes con felicidad terrenal; no es eso el significado de estos versículos. Por lo tanto, si yo les deseo buena suerte con este versículo bíblico, no lo hago señalando con el dedo de la moralidad: “¡Ahora empieza a buscar la cercanía de Dios para que él te bendiga en el Año Nuevo!” Dicha moralidad sería mala, porque si alguien llegara a tener poca felicidad y mucho sufrimiento, tendría que decir lo contrario: ‘probablemente ese fue entonces el castigo de Dios por no haber buscado de su cercanía’. Esa forma de pensar sería una mala interpretación del salmo. No obstante, hay que reconocer que la ayuda de Dios, sí está presente y de forma especial para con todos aquellos que están en comunión con El.

La palabra del salmo no significa que si estoy cerca de Dios, entonces voy a tener ‘suerte’; sino significa que, si estoy cerca de Dios, entonces esa será mi felicidad. El contexto lo deja muy claro. El salmo fue escrito por Asaf, un sabio músico del templo en los días de David y Salomón. Asaf no tuvo mucha suerte, al menos no en el sentido habitual. Era muy devoto y siempre buscó de la presencia de Dios, pero no tuvo una vida fácil. Por el contrario, buscaba el saber por qué las personas sin Dios se volvían ricas y poderosas y por qué estaban tan bien. Asaf escribió: “Ellos no tienen ningún problema; su cuerpo está fuerte y saludable (4)…Así son los impíos; sin afanarse, aumentan sus riquezas”(12). Asaf se dijo a sí mismo: “En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia, si todo el día me golpean y de mañana me castigan?” (14). Esta experiencia desafió mucho en su fe al cantante de salmos. En el último cuarto del salmo, sin embargo, su queja se convierte en una impresionante confesión. “Pero,” comienza Asaf esta parte, “Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha. (24) Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria. ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.” Este “Pero” y lo que le sigue es notable, importante y ejemplar. Asaf tiene que darse cuenta de que, hasta ahora, su fe no le ha traído felicidad y ventajas terrenales sobre los malvados, pero ha aprendido que la fe en sí misma, la cercanía con Dios, es su felicidad. Así que también debemos entender la última oración de Asaf, la oración del versículo bíblico, ” Para mí el bien (la felicidad, la suerte) es estar cerca de Dios”; a saber, en este sentido: si estoy cerca de Dios, entonces ésa será mi felicidad. Esto se aplica incondicionalmente, incluso en una vida seria y con pruebas. Pablo preguntó ante los muchos sufrimientos: “¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? (Romanos 8:31). Ser de Dios Todopoderoso y ser amado por Él es lo mejor que existe, la mayor suerte y alegría. Incluso si toda la felicidad terrenal pueda llegar a romperse como un cristal delgado, incluso si la supervivencia está en juego, el estar cerca de Dios es mi felicidad. Asaf confesó: “Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”. La felicidad de estar cerca de Dios es inquebrantable e incluso sobrevive a la muerte. Asaf se había dado cuenta a la luz de la buena vida de los impíos: no importa si la pasas bien en este mundo, pero todo llega a su fin. Quien esté conectado con Dios tendrá un final feliz, sin importar cuán dura haya sido su vida, y después de su muerte encontrará la felicidad eterna llamada “la dicha eterna”. Entonces, en el espíritu del versículo bíblico, no deseo que estés cerca de Dios para que tengas simplemente ‘suerte’, sino te deseo la felicidad del estar cerca de Dios: ” Para mí el bien es estar cerca de Dios”.

¿Cómo puede hacerse realidad este deseo? La buena noticia es: este deseo ya se ha hecho realidad. Porque la cercanía de Dios no es algo que tendríamos que esforzarnos por nosotros mismos para obtenerlo o es un destino prefijado para algunos y para otros no. Más bien, Dios ofrece su cercanía a todas las personas en su Hijo, Jesucristo. Él vino al mundo y nos dio la felicidad del amor de Dios. Por eso, la felicidad de estar cerca de Dios no es una felicidad que todos deberían forjarse en la vida. No es una ‘suerte’ que hay que ganar con buenas obras. No es una suerte a la cual uno tenga que acercarse laboriosamente a través de la meditación u otras recetas para la felicidad. No es una felicidad a la que uno deba cultivarse con pensamientos filosóficos elevados. No, esta felicidad es una felicidad dada y una felicidad infantil. Infantil en dos sentidos: por un lado, es que Dios se convirtió en un niño humano, y por otro lado es que simplemente debemos aceptarlo de manera simple e infantil, con la fe como la de niños. “Para mí el bien es estar cerca de Dios”, y ese bien nos llega a través de Jesucristo.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, les deseo mucho bien (suerte y felicidad) para el próximo Año Nuevo. Además de todo tipo de bien terrenal, deseo sobre todo el bien más grande: el bien (o la suerte) de estar cerca de Dios. Ese bien es inquebrantable, se mantiene más allá de la muerte y conduce a la felicidad eterna. Incluso si uno de nosotros tiene que dejar este mundo en el nuevo año, podrá saber que la felicidad de estar cerca de Dios permanece intacta. No solo te deseo ese bien (y felicidad), y no necesito darte una receta de cómo hacerlo por ti. Por el contrario, proclamo y declaro este bien (suerte y felicidad) para todos nosotros en el nombre de Jesucristo, a través de quien Dios se acerca a nosotros, los seres humanos. Sí, el bien es estar cerca de Dios (y mi suerte). Amén