Protegidos por Dios podemos dar testimonio

Lucas 8:26-39

Rev. Enzo Pellini

El endemoniado gadareno

Arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; no vestía ropa ni habitaba en casa, sino en los sepulcros. 28 Al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz:

—¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.

29 (Jesús le ordenaba al espíritu impuro que saliera del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y lo ataban con cadenas y grillos, pero, rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) 30 Jesús le preguntó:

—¿Cómo te llamas?

Él dijo:

—Legión.

Muchos demonios habían entrado en él 31 y le rogaban que no los mandara al abismo. 32 Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejara entrar en ellos. Él les dio permiso. 33 Entonces los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos, y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.

34 Los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron y dieron aviso en la ciudad y por los campos. 35 Y salieron a ver lo que había sucedido; vinieron a Jesús y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 36 Los que lo habían visto les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. 37 Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se alejara de ellos, pues tenían gran temor. Entró, pues, Jesús en la barca y se fue. 38 El hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que lo dejara quedarse con él, pero Jesús lo despidió, diciendo:

39 —Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo.

Él, entonces, se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.

***

En el día de hoy estamos otra vez tocando un tema que tiene que ver con el aspecto o la dimensión espiritual. El domingo pasado hablábamos acerca del Espíritu Santo, la Trinidad, como realidad invisible de Dios. Hoy hablamos de cosas invisibles y espirituales también, pero en este caso no tienen que ver con las cosas de Dios, sino más bien con Satanás.

Resulta un poco complicado hablar en nuestros días acerca de Satanás, o del diablo, o del demonio, en nuestra sociedad altamente materialista y cientificista que nada quiere tener que ver con las dimensiones espirituales o no visibles. Y al mismo tiempo con una sociedad tan orgullosa de los logros tecnológicos y científicos del ser humano donde muchos creen que esto ya supera todo aquello que tenga que ver con lo no mensurable o no comprobables científicamente, llámese la fe y todas las cosas espirituales.

Para mí como pastor es difícil muchas veces tener que predicar estos temas, pues estamos lidiando como dije con esta realidad y hasta a veces también es difícil y triste tener que ver como hasta hay también predicadores que para nada creen en esta realidad bíblica y parecen transitar por las mismas ideas que la sociedad no creyente, incluso hasta veces ridiculizando o menospreciando el aspecto de la fe y la espiritualidad en los cristianos.

He sabido de hasta predicadores que niegan este aspecto acentuando que la esencia de los cristianos debe ser únicamente el ayudar socialmente como ejercicio del amor al prójimo, (que está muy bien, esa la segunda parte del mandamiento mas importante) pero se olvidan de la primera parte que es la adoración a Dios en espíritu y en obediencia a su Palabra. Y así llegan incluso muchas iglesias a no diferenciarse para nada de una obra de asistencia social, por ejemplo.

Pero como en cada domingo voy a intentar predicar el mensaje que se me ha encomendado.

El relato para hoy nos conduce a un hombre agreste e indomable que estaba poseído por una legión de demonios. Y lo que notaremos, es que el Señor Jesucristo tiene pleno dominio sobre esto. No sólo en ese momento, sino también lo tiene ahora también en nuestros días.

Por supuesto que este endemoniado era un caso extremo, pero con todo, es una advertencia de lo que significaría para los seres humanos perecer bajo el poder del pecado y Satanás. Y esto será así, a menos que sean liberados por Cristo (Ef 2:2) (Col 1:13).

Una vez que los demonios salieron del hombre, el cambio fue radical. Ahora estaba con Jesús “sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio“. Nadie había soñado con conseguir algo parecido de este hombre. Y es que el poder del Señor Jesucristo llega allí donde ni el gobierno, ni los asistentes sociales, ni psiquiatras, ni familia, ni amigos pueden llegar. Nadie antes había conseguido que este hombre estuviera en paz consigo mismo y con sus semejantes.

Lo mismo sucede en nuestros días. Hay personas que como el endemoniado de la historia llegan a estar en ese estado, y hay otras que en menor grado también con problemas similares.

Los evangelios nos informan del hecho de que una persona puede estar esclavizada por más de un demonio al mismo tiempo (Mt 12:45) (Mc 16:9), pero este caso es singular. ¿Qué nos intenta enseñar?

De la misma manera que el Imperio Romano había conseguido conquistar Israel por medio de sus legiones, (cada legión comprendía de un total absoluto de 10.000 soldados) este miserable hombre se encontraba totalmente ocupado y dominado por las fuerzas demoníacas que lo mantenían en una situación de opresión y muerte. Notamos entonces que el propósito del diablo para con el ser humano es de un tipo militar: ‘conquistar y dominar’. Es decir, alejarnos de la comunión con Dios, alejarnos de la iglesia, alejarnos de la adoración del día de reposo, alejarnos de la Santa Cena con hermanos y hermanas, alejarnos de la devoción personal diaria, por medio de nuestra oración, nuestra lectura de la Biblia, nuestra alabanza, todo lo que en verdad edifica y fortalece nuestro propio espíritu. De esta forma el diablo logra tener un control espiritual sobre nuestro ser que hace que nos veamos imposibilitados de alimentar nuestro espíritu por medio de los medios de gracia. Esto, con el tiempo hace que nos debilitemos espiritualmente del todo y también corporalmente pues el espíritu tiene el control sobre todo nuestro ser.

¿Cómo nos sentimos cuando escuchamos esta palabra? ¿Lo aceptamos o sentimos rechazo? Esto es parte de nuestra espiritualidad. De la misma forma que predicamos y confesamos al Espíritu Santo, y decimos “Creo en el Espíritu Santo” como presencia invisible de Dios, de la misma manera tenemos que ser conscientes de que la Biblia nos enseña: Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. 12 Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. (Ef 6:11-12)

¿Qué significa esto? ¿Qué significa vestirse con la armadura de Dios? Ustedes ven que acá otra vez, ahora el apóstol en el nuevo testamento utiliza un lenguaje militar, dice una armadura. Una armadura se usaba en los tiempos antiguos para protegerse, en una lucha cuerpo a cuerpo.  ¿Por qué porque Satanás quiere luchar? Porque quiere destruirnos. Quiere destruir la relación que tenemos con Dios. Y nuestra pregunta en esta mañana: ¿Cómo podemos resistir al diablo de la mejor manera en este mundo del siglo XXI? Resistir al diablo de la mejor manera es como también nos dice Martin Lutero en palabras aún válidas: “La palabra de Dios y la oración son las mejores armas. Quien sirva a éstas, los ángeles estarán a su lado”.

En Navidad, cada año, nos gusta representar el pesebre navideño e incorporamos ángeles en el mismo. Los niños se visten de ángeles. Los ángeles existieron y existen, son una realidad. Los ángeles se comportan mayormente como mensajeros de Dios, a veces como protección, seres espirituales de Dios. Si los ángeles existen, pueden asistirnos porque son enviados por Dios, sabemos que son seres espirituales que, según les plazca pueden hacerse visibles. De la misma manera hay seres espirituales que no son de Dios que llamamos espíritus del mal o demonios. Esos son los que pidieron salir desesperadamente del cuerpo del endemoniado cuando Jesús se paró enfrente. Esos también existen. Qué significativo es que cuando muchas veces en esta sociedad hay muchos que niegan o ridiculizan la creencia en Dios, en Jesús, en lo espiritual, en la Biblia, según el relato, los mismos demonios en cambio, sí reconocieron a Jesús como el Hijo de Dios. Eso es una prueba más de la existencia de Dios y Cristo y del mundo espiritual.

“Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo.

Él, entonces, se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. Así le dijo Jesús al exorcizado, al restituido, al sanado.

Nosotros estamos sanos, restituidos por Cristo, mal o bien queremos cuidar de nuestra relación con Dios, pues es lo único que nos sostendrá integralmente. Nos esforzamos, con nuestras fortalezas y con nuestras debilidades, hacemos lo posible. Jesús nos llama a cuidar de esa comunión con él. Y contarle a los demás de nuestras luchas, pero también de nuestra nueva vida en Cristo y de la defensa que hacemos de nuestra fe en El ante un mundo indiferente o no creyente.

Amen.

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