El primer lugar para el Maestro


Pedro dijo entonces: «Nosotros hemos dejado nuestras posesiones, y te hemos seguido.»  Y Jesús les dijo: «De cierto les digo, que cualquiera que haya dejado casa, padres, hermanos, mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30 recibirá mucho más en este tiempo, y en el tiempo venidero recibirá la vida eterna.»

 

Lucas 18:28-30

 

Vivimos en un mundo que resalta más lo material que lo espiritual. Todo se construye a base de lo material. Hombre y mujer se unen en matrimonio por amor, pero también por poseer esa vida de amor. La mujer quiere tener un buen esposo, el hombre tener una esposa que lo ame. Por lo menos ha sido así por milenios. Ambos ansían tener hijos, y si es un varoncito y una nena mejor. Pero para poder realizar este ideal de amor puro, hay que sortear muchas vallas materiales primero. El esposo como figura masculina tradicional es el que lleva el pan a la casa y para eso debe conseguir un buen trabajo, o quizás hoy en día también la mujer puede lograr un buen trabajo. En America del Sur aún subiste la figura masculina del hombre que trae la comida a la casa. Por tanto muchas mujeres no estudian carreras terciarias o universitarias que, les proporcionarían un mejor empleo pero también les demandaría más años, es por eso que las mujeres se casan más jóvenes. En Europa en cambio y también en Norteamérica, las mujeres son ya más independientes de esta figura tradicional y buscan mejores estudios y mejores empleos, esto hace que se casen más tarde. En síntesis ambos desde la adolescencia comienzan a embarcarse en el viaje de la obtención de los bienes materiales con ese fin. Para tener hijos hay que alimentarlos, hay que tener una casa, hay que mantenerlos, darles educación y por sobre todas las cosas nos gustaría vivir bien sin hacer demasiado sacrificio y poder descansar y disfrutar de la vida y del matrimonio que hemos formado.
Hay un chiste en Argentina acerca de esta temática.

Un norteamericano pasea por el Norte Argentino (en una zona donde se hacen chistes sobre la supuesta holgazaneria de la gente). Ve a un paisano acostado, bajo la sombra de un algarrobo. Desperdigadas, aquí y allá, sus cabras, algunos carneros y sus crías…—Mira —le dice el americano— con todas esas cabras, ¡la plata que podrías hacer! Sacando la leche, fabricando queso y vendiendo al por mayor.

— ¿Y para qué? —contesta el campesino.

— ¡Para acumular capital!

— ¿Y para qué quiero acumular capital? —pregunta el campesino.

— ¡Con ello compras máquinas y levantas instalaciones industriales!

— ¿Y para qué quiero todo eso?

— ¡Hombre, con eso ganarás un dineral y pronto podrás abrir sucursales por todos los pueblos, alrededor!

— ¿Y para qué? —sigue el campesino.

Casi sin poder dar crédito a lo que considera un grado inmenso de insensatez de su interlocutor, el alemán se arma de paciencia y lo ilustra: “Pues con una empresa grande, con muchas sucursales, tendrás ingresos de dinero por muchas partes, ¡y así te convertirás en millonario!

— ¿Y para qué quiero ser millonario? —se obstina el campesino.

— ¡Para descansar! Cuando llegas a ser millonario, ya no tienes que hacer nada. Tendrás muchos que trabajarán para vos, y podrás dedicarte solamente a descansar… ¡A descansar, tranquilo! —se entusiasma el americano.

Y contesta el campesino: “¿Y qué crees que estoy haciendo ahora?”

 

Pero, en todo ese proceso de querer buscar el amor de la pareja y el amor de la familia, nos perdemos en la maraña de los logros materiales. Algunos afortunados lo consiguen, otros deben seguir luchando hasta su jubilación para poder disfrutar de la familia y con sorpresa observan que los hijos ya están grandes y se han marchado del hogar, o hasta alguno de los cónyuges ha fallecido y ahora está solo. Que no se tiene la vitalidad como cuando se era joven y hasta pueden haber aparecido incluso algunas enfermedades imprevistas. Ni que hablar de aquellas parejas que en este proceso, se pelean por agendas extremadamente ocupadas y cargadas, se separan, o se engañan por la falta de atención o de amor entre sí.
Lo cierto es que la vida se nos pasa por ir en búsqueda de lo material y cuando estamos un poco en condiciones de disfrutar de lo material nos damos cuenta que todo lo demás se ha ido desgranando, por no decir caído en pedazos. Y en el proceso no hemos podido disfrutar aquel amor que decíamos perseguir.

Y allí nos llega Jesús que nos dice en el Evangelio de hoy: No se preocupen por su vida, ni por qué comerán o qué beberán; ni con qué cubrirán su cuerpo. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?… no se preocupen ni se pregunten “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”  Porque la gente anda tras todo esto, pero su Padre celestial sabe que ustedes tienen necesidad de todas estas cosas.  Por lo tanto, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. (Mt 6:25ss)

Esta es siempre una palabra bienvenida. Hay muchos cristianos que realmente le creen a Dios, cuando él habla en su palabra y logran vivir una vida más balanceada entre lo material y lo espiritual.
Y ese es el mensaje para el día de hoy lograr vivir una vida balanceada entre lo espiritual y lo material, una vida en equilibrio.
Cuando comenzamos a poner las cosas materiales en el primer lugar de nuestra vida todo comienza lamentablemente a desmoronarse, pues le falta el cimiento principal que es lo espiritual.
El ser humano se sostiene en primer lugar con la base espiritual, si estamos bien espiritualmente todo lo demás se logra.

Cuando pensamos que sólo las cosas espirituales son lo más importante en esta tierra, entonces descuidamos la vida de los demás y condenamos a los demás que necesitan de lo material, por ejemplo nuestros hijos, o nuestras iglesias o la sociedad en general donde haga falta lo material a vivir una vida sin calidad material.

Dios no se opone a las cosas materiales. De hecho, en esta tierra el nos creo como seres humanos de carne y hueso, no somos sólo espíritu, ni tampoco somos ángeles. Dios nos creo como seres humanos y Jesús nos trae un mensaje de esperanza que de todo lo material que necesitemos para nuestra vida él se va a ocupar, pero para ello la condición es que pongamos la parte espiritual en el primer lugar de nuestras vidas, no en el segundo lugar.
Jesús había dicho unos versículos más atrás a sus discípulos: « ¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» (Vs. 24-25)

Y Pedro le pregunta preocupado:
«Nosotros hemos dejado nuestras posesiones, y te hemos seguido.»  Y Jesús les dijo: «De cierto les digo, que cualquiera que haya dejado casa, padres, hermanos, mujer, o hijos, por el reino de Dios,  recibirá mucho más en este tiempo, y en el tiempo venidero recibirá la vida eterna.»

Dios no está diciendo que debemos abandonar las cosas materiales de este mundo y en ella están incluidos también las personas, los parientes, la familia. Dios está diciendo que el primer lugar lo debe ocupar Jesucristo y su iglesia: la comunión de los santos. De la misma forma que leemos en el primer mandamiento: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Ex 20:3

Y Jesús lo reformuló: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.”  Éste es el primero y más importante mandamiento.  Y el segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”  De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.»
En primer lugar lo debemos dar a las cosas espirituales, sin por ello descuidar a las personas. Pero el primer lugar lo debe tener Jesucristo y su iglesia, refiriéndonos de cuidar y preservar nuestro ser espiritual. Si de veras somos capaces de poner en primer lugar a Cristo por encima de todo lo demás en nuestras vidas no deberemos preocuparnos por el aspecto material en esta vida en la tierra. Esto significa que todo lo material será suplido también en esta tierra. Es un acto de fe, de confianza en Dios, donde dejamos de preocuparnos y comenzamos a ocuparnos de las cosas de cada día con la confianza en Dios que disipa todo temor, ansiedad y preocupación.
Jesús mismo nos promete hoy: «De cierto les digo, que cualquiera que haya dejado casa, padres, hermanos, mujer, o hijos, por el reino de Dios,  recibirá mucho más en este tiempo, y en el tiempo venidero recibirá la vida eterna.» Amen

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