Jesús ya oró por nosotros

Para este domingo, el Evangelio de Juan nos habla acerca de la larga oración que Jesús hace por sus seguidores la noche antes de su muerte, y siempre incluye el deseo de Jesús de que sus seguidores sean uno como él y el Padre son uno. Esta unidad no es un mero acuerdo doctrinal o unidad institucional, sino una vida mutua, un amor mutuo y un gozo que se entrelazan. Esta unidad es la obra del Espíritu que hemos recibido pero que también anhelamos. ¡Ven, espíritu santo!

Oración del día
Dios misericordioso y glorioso, nos has elegido como tuyos, y con el poderoso nombre de Cristo nos proteges del mal. Por tu Espíritu transfórmanos a nosotros y a tu amado mundo, para que podamos encontrar nuestro gozo en tu Hijo, Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, en un sólo Dios, ahora y por siempre.
Amén.

Evangelio Juan 17:6-19
»A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les he entregado las palabras que me diste, y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos. Todo lo que yo tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío; y por medio de ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti.

»Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.

»Ahora vuelvo a ti, pero digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, para que tengan mi alegría en plenitud. Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. (NVI)

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