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Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos

Sermón para el día de Año Viejo (y Comienzo del Año

Hebreos 13:8-9
Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. No se dejen llevar por doctrinas diversas y extrañas. Es mejor afirmar el corazón con la gracia…

En cada fin de año o principio de año, estamos la mayoría de la gente, pensando en lo mismo: las metas para el año próximo. Lo que queremos cambiar del año que pasó, lo que queremos iniciar o proponernos para el año que viene. Y parecería que el 31 de diciembre o el 1ro de enero fueran fechas o números mágicos, donde lo que pensemos o decidamos se hará realidad y cambiará el curso de nuestras vidas, generalmente para mejor.
Hoy les quiero decir que no hay nada mágico en un día 31 o en un día 1ro de enero. Estos días no significan nada. Son tan similares al día de hoy 29 o a todos los días pasados de este año 2019.

Así que si hablamos de las famosas resoluciones de año nuevo: ¿es una buena o mala idea? Este es un tema sorprendentemente polémico para la gente, especialmente cerca de fin de año. Casi todos están familiarizados con ese deseo ardiente de comenzar el nuevo año “siendo quienes realmente quieren ser o consiguiendo lo que realmente quieren conseguir en la vida”.

Desafortunadamente, según las estadísticas, tales ideales no llegan más allá de de enero o febrero. De hecho, la fecha en la que es más probable a que renuncies a una resolución de fin de año será a más tardar el 12 de enero. Entonces, realmente, ¿deberíamos estar haciendo ese esfuerzo?

¿Deberíamos molestarnos en hacer resoluciones de año nuevo? Sí y no. La idea de hacer cambios masivos y abrumadores una vez al año ha demostrado ser ineficaz, por razones fisiológicas, para muchas personas, pero también es importante luchar por la superación personal.

Ahí es donde entra en juego por ejemplo el concepto japonés de Kaizen. Estuve leyendo mucho sobre este tema en los dos últimos años pasados. Tenía la idea de aprender inglés de forma rápida y por eso comencé a interesarme sobre esta filosofía de vida y de aprendizaje y con el tiempo me di cuenta que se puede aplicar a todos los aspectos de la vida. También me di cuenta que esta filosofía se puede aplicar a nuestra vida como cristianos. El método Kaizen o la palabra japonesa kaizen significa “cambiar para mejor”, con un significado inherente de “continuo” o “filosofía” en los diccionarios japoneses y en el uso diario. La palabra se refiere a cualquier mejora, única o continua, grande o pequeña, en el mismo sentido que la palabra inglesa “mejora”. Se trata de pequeñas mejoras continuas, pequeños pasos graduales. Este concepto, milenario, fue introducido con éxito masivo por primera vez en las empresas japonesas después de la Segunda Guerra Mundial y que le dieron a todas las empresas japonesas una fama y éxito mundial por su excelencia y calidad. Y esto como dije también se puede aplicar a las personas.

La idea básica es que hay que concentrarse en hacer un 1% distinto mejor cada día, en lugar de un cambio de 100% mejor durante unos días hasta que la persona se agota que vuelve a hacer un 0%. Si deseas comenzar a correr, por ejemplo unas pocas veces alrededor de la manzana es mejor que no hacer nada en absoluto. Y mientras sigas agregando 1%, tus tiempos mejorarán. Y tu capacidad cerebral comenzará a aceptar los cambios.

¿Saben cuál es la razón por la cual no podemos cambiar abruptamente? Porque tenemos años de hábitos diferentes y el cambiar esos hábitos significa que tenemos que cambiar la química de nuestro cerebro, así lo afirman los científicos. La corteza cerebral se negará a cambiar la química habitual y placentera de su propio cerebro y ordenará a todo el cuerpo a rebelarse. Y eso pasa con muchas cosas, dietas, metas, cambio de hábitos, etc. Entonces los científicos se dieron cuenta que la única manera de engañar el sentido de supervivencia del cerebro es paulatinamente, en pequeños pasos hasta trasformar la química misma del cerebro. Pues ante cualquier cambio el cerebro segrega sustancias químicas llámese cortisol, por ejemplo, que pone al cuerpo en guardia, en actitud de protección y tensión de incomodidad y malestar. Hay muchas personas que las cosas nuevas o los cambios le cuestan y no es porque no lo agrade es porque su estructura cerebral se niega a cambios por años intensos de hábitos arraigados. Es casi como pedirle a un drogadicto que deje la droga allí comezará un síndrome de abstinencia. Lo mismo pasa con el cerebro de cada uno de nosotros: estamos acostumbrados a la segregación de ciertos químicos familiares.

No deberíamos ser tan exigentes con las metas de fin de año pero sí en lo poco, en lo poquísimo, que haya un cambio una diferencia y ésta sea constante. Debemos ser muy concretos, si queremos por ejemplo aprender un idioma, aprender no más de 3 palabras por día, o una sola incluso. Al final de 3 meses serán 90 o 270, al final de un año 360 o más de 1000 las necesarias para un nivel básico de un nuevo idioma. En cambio si empezamos de golpe sólo hasta el 12 de enero aprenderemos no más de 200 y las olvidaremos por la falta de continuidad.
Las mejoras prácticas en la vida son geniales, pero el tipo de meta que establecemos dice mucho sobre quienes somos como personas. Aquellos que generalmente están contentos con la vida se esfuerzan más por los esfuerzos personales, o los llamados objetivos sagrados, mientras que aquellos que buscan ganancias de “poder” como ganar simplemente más dinero tienen una menor sensación de bienestar.

En última instancia, pensemos en quién queremos ser cuando establezcamos nuestras resoluciones. E ir despacio, ser paciente y celebrar cada pequeño éxito en el camino. La vida es un viaje, como dice el refrán, y no solo un destino.

Esta misma disciplina estamos invitados aplicar en nuestra vida de fe. Ustedes habrán escuchado que yo los invité a orar sólo un minuto por día cada vez que es mejor que nada en semanas. O les invité a leer 3 versículos de la Biblia por día desde hace más o menos 5 años. Si lo han seguido, hoy habrán leído ya un cuarto de la Biblia o casi todo el Nuevo Testamento. Aquellos más valientes que han leído un capítulo de la Biblia ya habrán leído la Biblia entera.
Aunque en la vida de la fe no se trata de cantidades sino de calidades, de seguro la mínima lectura diaria de la Biblia puede cambiar el estado químico de la corteza cerebral que hasta los mismos científicos quedarían asombrados pues el poder del Espíritu Santo tiene señorío por sobre todo lo material del universo.
En ese sentido ¿cuál es el mejor consejo para cambiar nuestra vida y nuestras situaciones para el año 2020, si es que queremos tomar resoluciones de fin de año? La epístola nos dice para el día de hoy: Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. No se dejen llevar por doctrinas diversas y extrañas. Es mejor afirmar el corazón con la gracia.

El poder de Cristo está presente y estará presente por los siglos de los siglos. Es el único poder que puede transformar milagrosamente las circunstancias a nuestro alrededor. ¿Es difícil acercarse a Cristo? ¿Es difícil vivir una vida más espiritual? ¿Es difícil confiar en Dios? ¿Es porque nunca antes quizás hemos llevado una vida de verdadera fe como a Cristo le gustaría? Propongámonos a la manera del Kaizen comenzar con lo mínimo, leyendo 3 versículos bíblicos de la Biblia. Orando a Dios aunque más no sea 1 minuto por día, por varios meses hasta que el poder del Espíritu Santo cambie toda nuestra química. Y nosotros cristianos sabemos también que el poder del Espíritu Santo no sólo cambiará nuestra química corporal sino que también inundará nuestro propio espíritu para que podamos tener una mejor comunión con Dios, éxito y bendiciones en todo lo que queramos emprender a partir del 1 de enero.

¿Tendremos éxito en el nuevo año? Sí, y no. Sí, si nos apoyamos en Dios. No, si sólo confiamos en nuestro propio esfuerzo, trabajo o la suerte. ¿Cómo apoyarse y confiar en Dios si nunca lo hemos hecho, o si no sabemos cómo hacerlo? Démosle a Dios la oportunidad de obrar por medio de su Espíritu Santo. Muchas personas quieren o claman por milagros pero no hacen lo mínimo necesario, o no saben cómo hacer para esos milagros se produzcan. Los japoneses lograron el milagro de su excelencia y productividad mundial por medio de pequeños pasos. Copiemos de la sabiduría humana y apliquémosla para las cosas de Dios. Quizás Dios nos bendiga doblemente. Pero para eso hagamos lo mínimo que nuestro ser puede hacer sin generar resistencias, como los científicos afirman. Empecemos a hacerlo en pequeños pasos, pero constantes, y no sólo así hasta el 12 de enero como las estadísticas afirman, sino durante para el año entero. Amen

Enzo Pellini