Les deseo el Bien

Año Viejo

Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras”.

Sal 73:28

Le deseo a cada uno de ustedes para este nuevo año que comienza mucha suerte y felicidad. Si yo sería judío les saludaría con las palabras “Mazel Tov”. Así se saluda en yiddish. La palabra “Tov” viene del hebreo, el idioma del Antiguo Testamento, significa “felicidad”, o simplemente “el bien”. La palabra para hoy del salmo 73: “Para mí el bien es estar cerca de Dios” se podría traducir como: “Estar cerca de Dios es bueno para mí”. Martin Lutero lo tradujo originalmente: “Mi alegría es poder mantenerme junto a Dios”. Independientemente de que palabra utilicemos para el nuevo año les deseo: alegría, bien, “suerte” y también felicidad.

¿Aunque qué es lo que en realidad les estoy deseando?, veamos lo que nos dice el presente salmo.

Se podría entender a este salmo de la siguiente manera: Cuando estoy cerca de Dios tengo felicidad. Cuando estoy cerca de Dios, me va bien. Cuando estoy cerca de Dios, por lo general me salen las cosas que me he propuesto. Tal felicidad comprende salud o una vida feliz con las personas o suficiente dinero para pagar todas las cosas necesarias y también un poquito más. Todas estas cosas corresponden a las que usualmente le pedimos a Dios cuando oramos.
Durante este año que pasó tuvimos el mundial de futbol y hemos podido ver a más de un jugador que miraba al cielo y se hacia la señal de la cruz. Con esto quizás esperaba que la “suerte” o incluso Dios, le permitiera que su equipo pudiera ganar el partido. Aunque uno podría preguntarse críticamente, si esas cosas se le pueden pedir a Dios. ¿Se debería pedir más allá de aquello que ya está incluido en el ‘pan nuestro de cada día’? Tampoco sabemos si tenemos que orar para ganar la lotería– aunque eso también estaría incluido en lo que es la felicidad.

También es cierto que, Dios en realidad nos envía mucho bien; Podemos confiar en que será lo mismo en el Año Nuevo 2019. Incluso si tenemos que luchar contra la adversidad, una enfermedad, o un problema económico o algo similar, todavía tendremos miles de razones para agradecerle, pues él estará de nuestro lado para sostenernos y poder salir airosos. Pero Dios no sólo concede felicidad a las personas que están cerca de él. Por lo general, también la permite a los que se mantienen alejados de él, de su ‘pan diario de cada día’. Jesús enseñó en el Sermón en el Monte acerca de nuestro Padre Celestial: “Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45). No es de ninguna manera el caso de que él solo provee a los creyentes con felicidad terrenal; no es eso el significado de estos versículos. Por lo tanto, si yo les deseo buena suerte con este versículo bíblico, no lo hago señalando con el dedo de la moralidad: “¡Ahora empieza a buscar la cercanía de Dios para que él te bendiga en el Año Nuevo!” Dicha moralidad sería mala, porque si alguien llegara a tener poca felicidad y mucho sufrimiento, tendría que decir lo contrario: ‘probablemente ese fue entonces el castigo de Dios por no haber buscado de su cercanía’. Esa forma de pensar sería una mala interpretación del salmo. No obstante, hay que reconocer que la ayuda de Dios, sí está presente y de forma especial para con todos aquellos que están en comunión con El.

La palabra del salmo no significa que si estoy cerca de Dios, entonces voy a tener ‘suerte’; sino significa que, si estoy cerca de Dios, entonces esa será mi felicidad. El contexto lo deja muy claro. El salmo fue escrito por Asaf, un sabio músico del templo en los días de David y Salomón. Asaf no tuvo mucha suerte, al menos no en el sentido habitual. Era muy devoto y siempre buscó de la presencia de Dios, pero no tuvo una vida fácil. Por el contrario, buscaba el saber por qué las personas sin Dios se volvían ricas y poderosas y por qué estaban tan bien. Asaf escribió: “Ellos no tienen ningún problema; su cuerpo está fuerte y saludable (4)…Así son los impíos; sin afanarse, aumentan sus riquezas”(12). Asaf se dijo a sí mismo: “En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia, si todo el día me golpean y de mañana me castigan?” (14). Esta experiencia desafió mucho en su fe al cantante de salmos. En el último cuarto del salmo, sin embargo, su queja se convierte en una impresionante confesión. “Pero,” comienza Asaf esta parte, “Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha. (24) Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria. ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.” Este “Pero” y lo que le sigue es notable, importante y ejemplar. Asaf tiene que darse cuenta de que, hasta ahora, su fe no le ha traído felicidad y ventajas terrenales sobre los malvados, pero ha aprendido que la fe en sí misma, la cercanía con Dios, es su felicidad. Así que también debemos entender la última oración de Asaf, la oración del versículo bíblico, ” Para mí el bien (la felicidad, la suerte) es estar cerca de Dios”; a saber, en este sentido: si estoy cerca de Dios, entonces ésa será mi felicidad. Esto se aplica incondicionalmente, incluso en una vida seria y con pruebas. Pablo preguntó ante los muchos sufrimientos: “¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? (Romanos 8:31). Ser de Dios Todopoderoso y ser amado por Él es lo mejor que existe, la mayor suerte y alegría. Incluso si toda la felicidad terrenal pueda llegar a romperse como un cristal delgado, incluso si la supervivencia está en juego, el estar cerca de Dios es mi felicidad. Asaf confesó: “Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”. La felicidad de estar cerca de Dios es inquebrantable e incluso sobrevive a la muerte. Asaf se había dado cuenta a la luz de la buena vida de los impíos: no importa si la pasas bien en este mundo, pero todo llega a su fin. Quien esté conectado con Dios tendrá un final feliz, sin importar cuán dura haya sido su vida, y después de su muerte encontrará la felicidad eterna llamada “la dicha eterna”. Entonces, en el espíritu del versículo bíblico, no deseo que estés cerca de Dios para que tengas simplemente ‘suerte’, sino te deseo la felicidad del estar cerca de Dios: ” Para mí el bien es estar cerca de Dios”.

¿Cómo puede hacerse realidad este deseo? La buena noticia es: este deseo ya se ha hecho realidad. Porque la cercanía de Dios no es algo que tendríamos que esforzarnos por nosotros mismos para obtenerlo o es un destino prefijado para algunos y para otros no. Más bien, Dios ofrece su cercanía a todas las personas en su Hijo, Jesucristo. Él vino al mundo y nos dio la felicidad del amor de Dios. Por eso, la felicidad de estar cerca de Dios no es una felicidad que todos deberían forjarse en la vida. No es una ‘suerte’ que hay que ganar con buenas obras. No es una suerte a la cual uno tenga que acercarse laboriosamente a través de la meditación u otras recetas para la felicidad. No es una felicidad a la que uno deba cultivarse con pensamientos filosóficos elevados. No, esta felicidad es una felicidad dada y una felicidad infantil. Infantil en dos sentidos: por un lado, es que Dios se convirtió en un niño humano, y por otro lado es que simplemente debemos aceptarlo de manera simple e infantil, con la fe como la de niños. “Para mí el bien es estar cerca de Dios”, y ese bien nos llega a través de Jesucristo.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, les deseo mucho bien (suerte y felicidad) para el próximo Año Nuevo. Además de todo tipo de bien terrenal, deseo sobre todo el bien más grande: el bien (o la suerte) de estar cerca de Dios. Ese bien es inquebrantable, se mantiene más allá de la muerte y conduce a la felicidad eterna. Incluso si uno de nosotros tiene que dejar este mundo en el nuevo año, podrá saber que la felicidad de estar cerca de Dios permanece intacta. No solo te deseo ese bien (y felicidad), y no necesito darte una receta de cómo hacerlo por ti. Por el contrario, proclamo y declaro este bien (suerte y felicidad) para todos nosotros en el nombre de Jesucristo, a través de quien Dios se acerca a nosotros, los seres humanos. Sí, el bien es estar cerca de Dios (y mi suerte). Amén

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