¿Hay que privarse de alguna comida para agradar a Dios?

Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación.  Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.  El tentador se le acercó y le propuso:
—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.
Jesús le respondió:
—Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:
—Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:
»“Ordenará que sus ángeles
te sostengan en sus manos,
para que no tropieces con piedra alguna”».
—También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —le contestó Jesús.
De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.
—Todo esto te daré si te postras y me adoras.
—¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.

Mateo 4:1-11 (NVI)

Podríamos predicar varios mensajes sobre este texto, pues hay tantas cosas que esta lectura  tiene para decirnos. Allí se encuentra en el medio de la escena el Hijo de Dios, siendo tentado en muchas cosas como nosotros, pero sin pecado (Heb 4:15). Por ser también un ser humano fue tentado y humillado por el diablo. Y su obra de salvación también consiste en parte en resistir al diablo y hacer justicia en nuestro lugar. También aprendemos mucho sobre la estrategia del diablo: él aprovecha las necesidades del cuerpo como el comer y el beber (nuestras necesidades materiales) . Él es bien hipócrita utiliza palabras de la Biblia como la palabra de los ángeles protectores, pero retuerce su verdadero significado. Él ofrece poder y riqueza y miente en esto, porque en última instancia, todo le pertenece a Dios; pero también oculta y no dice cuál sería el precio de ponerse al servicio de él: nos costaría la salvación del alma por la eternidad. Incluso esta lectura del Evangelio puede enseñarnos algo sobre el ayuno, a partir del ejemplo de nuestro Señor Jesucristo.

Como ahora estamos en el tiempo de la cuaresma, recordado por muchas iglesia cristianas, echemos un vistazo más de cerca al tema del ayuno. ¿Qué significa ayunar? Externamente, todos sabemos que es abstenerse de comer y a veces de beber, al menos parcialmente, o de alimentos especiales como la carne. Pero ¿por qué se ayuna, cuál es el motivo? Puede haber razones muy diferentes. Queremos comparar ahora con el ayuno de nuestro Señor Jesucristo.

En primer lugar, durante la Edad Media, antes de la Reforma, se ayunaba porque era la ley de la iglesia. Cualquier persona que consumiera carne o manteca durante los cuarenta días de Cuaresma antes de la Pascua era considerado un pecado. Martín Lutero y los reformadores condenaron esto como una carga injustificada para la conciencia. En última instancia, es una ofuscación del evangelio lo que se hace cuando se imponen mandamientos elaborados por personas y se hace que la salvación dependa de su cumplimiento. De tal mala postura también surgió el carnaval: la gente quería festejar comer y beber desaforadamente antes de esa Cuaresma forzada. El ayuno de nuestro Señor Jesucristo no tiene nada que ver con esos ayunos impuestos.

En segundo lugar, muchas personas también ayunaban voluntariamente en la Edad Media porque sentían que le estaban haciendo un favor a Dios; esta mentalidad todavía surge de vez en cuando. Sí, más que eso, se pensaba que se le hacía un favor a Dios, incluso si además se sentía dolor, dañándose el cuerpo o poniéndose en peligro. Hubo alrededor del año 1000 las llamadas peregrinaciones flagelantes; Había gente que se auto flagelaba, con un látigo, porque pensaban que eso agradaría a Dios. Sin embargo, esto es en verdad algo profundamente pagano cuando alguien quiere servir a Dios a través del ayuno y la auto-tortura; Jesús mismo rechazó esto como una tentación diabólica. Cuando Satanás lo probó y le dijo que bajara del templo, Jesús respondió con la escritura: “No pondrás a prueba al Señor tu Dios”. ¿Por qué debería ser tan imprudente? ¡Había una cómoda escalera que bajaba del pináculo del templo! Entonces, tampoco debemos poner nuestros cuerpos en peligro indebidamente o debilitarlos innecesariamente con el ayuno, sino que debemos dar nuestros cuerpos sanos y prestos como sacrificios vivos para que podamos hacer la voluntad de Dios con ellos, ¡lo que Dios verdaderamente ha ordenado! Por supuesto, no debemos hacerlo para ganar el favor de Dios, sino en gratitud por habernos dado su beneplácito a través de Jesús sin mérito alguno de nuestra parte.

En tercer lugar, hay un ayuno que sirve para satisfacer a los hambrientos o necesitados. He oído hablar de algunas familias que hacen un ayuno una vez a la semana y destinan una séptima parte del dinero de la familia para los hambrientos. Queridos hermanos y hermanas, ¡es muy importante que en nuestra abundancia no olvidemos al hambriento! Sin embargo, estoy seguro de que si vivimos con moderación podemos dar mucho a los pobres del mundo sin la necesidad de ayunar; Dios nos da más que suficiente.

En cuarto lugar, también puedes ayunar para aprovecharse del ayuno mismo. Esto es incluso muy popular hoy en día. Las dietas para adelgazar por medio del ayuno, o si renuncio a ciertas cosas no muy beneficiosas o restringimos su uso: como el alcohol, la nicotina, la cafeína, etc. Tal ayuno es ciertamente algo externo, mundano; Esto no tiene nada que ver con la fe en Cristo. Existe una campaña en el marco de algunas iglesias en Alemania durante la cuaresma que se llama “Siete semanas sin”, donde se aconseja a los cristianos que renuncien voluntariamente a su tiempo libre sus hobbies o distintas cosas que se hayan convertido en un hábito: chocolates, cosas dulces, alcohol, cigarrillos, televisión, etc. En la publicidad de esta acción siempre se expresa que de esa manera se puede hacer algo bueno durante las 7 semanas de cuaresma. Eso también es bueno, y los cristianos sabemos que nuestro cuerpo es un templo del Espíritu Santo y debemos tratarlo con cuidado. Sin embargo, en estos tiempos donde hay tanta conciencia sobre el mantenerse delgado y la salud corporal, sería mejor que la gente se ocupara más de su alma que de su cuerpo, al menos la mitad del empeño que ponen para cuidar sus cuerpos. Sería mejor que al menos estuvieran tan ansiosos por leer la palabra de Dios y por el sacramento del altar como por las fórmulas para adelgazar y todos los remedios y alternativas naturales para mejorar la salud; entonces muchos ya sólo por eso podrían curarse simplemente y  se sentirían mejor.

En quinto lugar, el ayuno también se usa para presionar a otras personas y obligarlas o inducirlas a que hagan algo; eso sucede por ejemplo durante una huelga de hambre. Creo que eso es completamente incorrecto.

En sexto lugar, el ayuno puede sí servir para enfocarse en la Palabra de Dios y en la oración. Esto es algo que también lo hallamos en la Biblia: De esa manera durante un tiempo, se elimina la distracción del cuidado del cuerpo, y se puede resaltar la vida espiritual y puede haber una profundización de las cosas espirituales. A este respecto, podemos mencionar el ayuno como una preparación para la Santa Cena, que Martín Lutero lo vio como una “fina disciplina externa” en el Catecismo Menor. La práctica de mantener durante el tiempo de Cuaresma momentos de tranquilidad y renunciar a los placeres bulliciosos también es parte de esto. Este ayuno tiene más que ver con el ayuno de nuestro Señor Jesucristo: podemos imaginar que en los cuarenta días posteriores a su bautismo, él se estaba preparando para su ministerio venidero en conversación con su Padre Celestial. Del mismo modo, durante los cuarenta días Moisés ayunó en el Monte Sinaí.

Y sin embargo, el ayuno de Jesús tiene aún otra dimensión.

En séptimo lugar, se encuentra el verdadero ayuno impuesto por Dios. Jesús no abandonó la comida ni su humanidad por propia voluntad, sino que el Espíritu Santo lo condujo al desierto, dice el evangelio. Sí, ese es realmente el ayuno más correcto y delicioso: el ayuno que es ordenado por Dios. Porque ahí es donde aprendemos a confiar en nuestro Padre Celestial. El diablo intentó que Jesús hiciera pan con las piedras porque no había nada comestible en el desierto. Jesús se resistió a él y le contestó: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús sabía que la palabra y la voluntad de su Padre Celestial en última instancia era lo que importaban; cuando llegue el momento adecuado se ayunará y se sufrirá, y así también concluirá en el momento adecuado, de eso no tengo que preocuparme. Y el Padre le dio a su hijo lo mejor, su palabra, pero también su pan. Al final de los cuarenta días, los ángeles vinieron y sirvieron a Jesús, y probablemente podamos asumir con Martín Lutero que le trajeron comida y bebida. De manera similar, Dios proveyó su mensajero a Elías en el desierto. Así también en el desierto le había provisto a todo su pueblo Israel con maná del cielo y agua de la roca. Por supuesto, el Padre luego le pidió a su hijo la cruz, pero después de la muerte lo llevó de vuelta le dio lo que el diablo pretendía darle: el gobierno real sobre el mundo entero. Sí, ese es el mejor ayuno: el ayuno ordenado por Dios, para poder ver luego como cuán maravillosamente Dios alinea y guía todo.

El ayuno que queremos practicar durante esta cuaresma debería ser un ‘ayuno o sacrificio no corporal’ mas bien un fortalecimiento espiritual. Si Dios quiere conducirnos a un ayuno corporal así será, cada uno de nosotros lo podrá sentir si es así. Pero hay un ayuno que sí podríamos practicar en este tiempo. Podemos ayunar, en el tiempo que dedicamos a otras cosas más superfluas, y dar de nuestro tiempo para comenzar a leer la Biblia todos los días, un capitulo del Antiguo Testamento y un capitulo de Nuevo Testamento. Comencemos en este tiempo tradicional de cuaresma a retomar el hábito de leer la Palabra de Dios, para así permitir que Dios nos hable por medio de su Palabra y llegar a estar protegidos por medio de ésta. Retomemos otra vez el hábito de orar a diario e interceder por los demás. Si logramos ese tipo de ayuno durante esta cuaresma y logramos volver a tener una vida y conducta espiritual, la que todo creyente debe tener, vamos a sentir que estamos haciendo el verdadero ayuno que Dios pide y nuestras vidas se verán transformadas milagrosamente.

De esa manera cuando el diablo aceche, ya no tendrá más poder sobre nosotros, ni ningún tipo de influencia, pues estaremos protegidos por la armadura espiritual que Dios nos pide en Efesios 6 y que también he escrito en la reflexión para nuestro boletín. Queremos ver realmente cambios en nuestras vidas, en nuestra iglesia en nuestra comunidad, quizás ese es el ayuno que Dios nos está pidiendo en esta cuaresma. Esa es una buena manera de creer lo que afirmamos cuando decimos “Renuncio al diablo y a toda su obra y naturaleza, y me entrego a ti, Dios trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para serte fiel y obediente hasta el final, Amén”.

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