Dios en tres personas

“Por lo demás, hermanos, regocíjense, perfecciónense, consuélense; sean de un mismo sentir, y vivan en paz. Y el Dios de la paz y del amor estará con ustedes. Salúdense unos a otros con un beso santo. Todos los santos les mandan saludos. Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes. Amén.”
2 Corintios 13:11-14

“Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con gratitud
el recuerdo precioso
de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti
y te ayude a llevar la alegría
a los corazones de cuantos amas.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
que los ojos de Dios te miren,
que los oídos de Dios te oigan,
que la Palabra de Dios te hable,
que la mano de Dios te proteja,
y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
otro te tenga, y nos tenga a todos,
en la palma de su mano”.

-De Irlanda-

Cuando el apóstol Pablo escribía una carta no lo hacía personalmente, sino que tenía escribientes a quienes les dictaba. Aunque este último párrafo lo escribe él mismo. Antiguamente era muy común escribir un último párrafo que, era considerado como la firma misma de la persona.
Pablo les saluda de esta manera en esta su segunda carta a la comunidad de los corintios con maravillosas palabras de bendición en el nombre del Dios trinitario: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”.

¿Qué es esto en realidad? ¿Es esto una bendición? Todo depende de en qué contexto utilicemos esta palabra: ¿Hablamos de una bendición de Dios o de la bendición de una persona, o de un deseo de bendiciones? Si hablamos de que es Dios el que bendice, entonces entendemos que Dios tiene algo bueno para obsequiar. Muchas veces hablamos de bendiciones monetarias o de bendiciones en la cosecha o bendiciones de hijos. Hablamos mucho de las bendiciones materiales de Dios. Cuando la gente bendice en nombre y por encargo de Dios, están prometiendo, deseando un regalo divino. Es algo así como que, una persona se convierte en mensajero de Dios que hace entrega de las bendiciones divinas. El destinatario puede abrir el paquete ahí mismo o más tarde. Un mero deseo de bendiciones es por el contrario, el simple deseo de que Dios te obsequie lo mejor. Allí no hay ninguna orden divina previa, o encargo de parte de Dios. Tales deseos de bendición lo escribimos por ejemplo en las cartas de salutación, por cumpleaños o aniversario o distintas celebraciones. Hay una bendición irlandesa muy conocida y apreciada que enumera los deseos humanos de que Dios pueda bendecir, un ejemplo: “Que siempre tengas palabras cálidas en un frío anochecer”. Pero estas son solo hermosos deseos humanos.

La palabra de bendición de Pablo al final de la segunda epístola a los corintios no es ningún deseo de bendición como las palabras de la bendición irlandesa, sino que es una bendición del segundo tipo, es decir el cumplimiento autorizado de un regalo de parte de Dios. Pablo había escrito la carta a través del poder del Espíritu Santo, y nos da testimonio que es Dios mismo el que quiere regalar lo que ahí se promete. Esta epístola como toda la Biblia es inspirada por el Espíritu Santo, y esa es una diferencia con cualquier libro sólo humano. Esta bendición de parte de Dios tiene además tres partes, es la bendición del Nuevo Testamento, la sucesora de la bendición aaronítica que, contiene las tres partes también, Dios a través de Moisés y Aarón en representación de todos los sacerdotes del antiguo pacto y con la que finaliza cada uno de nuestros cultos dominicales: “¡El Señor te bendiga y te guarde! Haga el Señor resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia! Vuelva el Señor su rostro a ti y te conceda la Paz”! Vemos que, ya también en el Antiguo Testamento se escucha la bendición de Dios en tres personas: la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En Pablo esto se da de forma bien expresa: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”.

Cuando les estoy pronunciando y explicando esta bendición a ustedes, en esta predicación yo me transformo en una especie de mensajero de Dios, de los regalos que, Dios tiene para hacerles a ustedes. Aquí no se trata sólo de las dádivas de las bendiciones terrenales, como bendiciones de dinero o bendiciones de una buena cosecha o bendiciones de una fructífera descendencia, sino que aquí se trata de la dádiva más grandiosa del Dios trinitario, es decir se trata de nuestra salvación eterna. Detengámonos a reflexionar acerca de este regalo que nos ofrece Dios; profundicemos en la dádiva de Dios que se nos está prometiendo aquí.

Aquel que da la dádiva es el Dios que, se manifiesta en tres personas en la Biblia. Se lo nombra de tres formas en la Biblia: El Hijo de Dios Jesucristo, Dios el Padre y el Espíritu Santo. Puesto que ellos no son separables sino que juntos conforman un solo Dios, se los compara a menudo con los ángulos de un triángulo: pero sólo tendremos un triángulo cuando tengamos los tres ángulos; si uno de los ángulos falta, entonces ya no se tratará más de un triángulo.
Aunque también en un triángulo, dará lo mismo en qué orden se mencionen los ángulos. Quizás hasta llame la atención que, Pablo en las palabras de su bendición no nombre en primer lugar al Padre, sino al Hijo. Esto tiene que ver con las bendiciones del Dios en tres personas que se ordena según cada persona divina en particular y con una forma cronológica de ordenarse. La gracia del Señor Jesucristo es su obra de gracia, su obrar salvífico en el pasado. La gracia tiene lugar cuando se le perdona el castigo merecido a un condenado. La gracia es el regalo del Hijo de Dios Jesucristo que, consiguió en la cruz para nosotros. Allí llevó en su persona todos nuestros pecados y nuestro castigo. Él lo hizo, porque el Padre en los cielos lo envió para tal fin; sólo por amor a nosotros. Así nos encontramos con el segundo regalo, el regalo de Dios el Padre. El se manifiesta con su amor en nuestro mundo, él es eterno. El tercer regalo, es la dádiva del Espíritu Santo que, está teniendo lugar en nuestro mundo y nuestro tiempo: es la “comunión” así ha traducido Lutero. También podríamos traducirlo como “reconciliación” o “un tomar parte”. Aquí no se trata de que simplemente como cristianos o como gente en general nos soportemos mutuamente. En todo caso no se trata aquí de esto en primer lugar. Más que nada, se trata de nuestra comunión con Dios. Se trata de nuestra reconciliación con Dios, esa que ya Jesucristo pudo conseguir por medio de aquel regalo que ofreció. Se trata de que nosotros tengamos parte en la obra de redención de Cristo en la cruz. La “comunión del Espíritu Santo” quiere decir por tanto: El Espíritu Santo logra que el evangelio nos limpie ahora y aquí de nuestros pecados y nos reconcilie con Dios; él posibilita que, el amor eterno de Dios nos encuentre ahora y aquí.

¿Y cómo sucede esto? Sucede cuando escuchamos la palabra de Dios, la palabra del perdón, la palabra de la promesa de la vida eterna. Cuando se predica el Evangelio aquí en la iglesia entonces el Espíritu Santo está obrando y obsequia comunión con Dios. Y esto también tiene lugar en los sacramentos: El bautismo de fe incorpora al cuerpo de Cristo, la iglesia. La Santa Cena es la comunión del cuerpo y la sangre del Señor bajo las formas del pan y del vino. La Santa Cena nos une en primer lugar con nuestro Señor y en segundo lugar nos une unos con otros hermanos y hermanas de forma que todos nos situemos al mismo nivel de poder recibir comunitariamente el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo por medio de esa comida santa. Cuando confiesas tus pecados, te acercas a ese poder prometido del Espíritu Santo, aquel que Jesús sólo por gracia consiguió para ti en la cruz: “Tus pecados te son perdonados”. ¡Claro! Y en estas palabras de bendición sucede que el paquete que te envía Dios de regalo es el envío de un obsequio redentor hecho en el nombre del Dios en tres personas.

Es por eso que, cada domingo celebramos un culto a Dios. Y por eso es que, la Palabra y el sacramento son los símbolos de la iglesia, puesto que por medio de ellos se puede reconocer que, Dios nos ama y que Jesús nos ha salvado. Ese es el fundamento para una buena vida, para una vida eterna. Esto no quiere decir que, vamos a despreciar los buenos deseos expresados por la gente, como por ejemplo en la bendición irlandesa o incluso las oraciones pidiendo por bendición de Dios para nuestra vida, pues también las necesitamos. Pero sabemos que estos siempre serán cosas temporales y que Dios en cualquier momento puede disponer de nuestras vidas también. La bendición de los dones del Dios trinitario que Pablo escribió y hoy yo lo repito en el nombre de Dios, vale sin embargo para todos los tiempos y para toda la gente que, cree en Jesucristo: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes”. Amén

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